¿Dónde están tus modales? Las redes sociales, un contexto para el comportamiento corresponsable

Linus-Microsoft

La implosión de las redes sociales ha tenido un especial impacto en el sector de la comunicación y el marketing, que ha encontrado en los entornos 2.0 una magnífica oportunidad de desarrollo.

Tal ha sido la avidez con la que este sector se ha querido volcar en la web social, que incluso en algunos casos ha llegado a creer que las redes eran patrimonio de los intereses mercantiles de sus marcas, en lugar de un entorno propio de las personas. Y es que no es lo mismo poner un quiosco de caramelos en mitad de una plaza porque estas sean un importante punto de congregación de personas, que entender que comprar caramelos hace que las personas se congreguen e intercambien experiencias. Y esto es poco más o menos lo que algunas empresas y profesionales del marketing venidos al 2.0 están queriendo hacer creer a la sociedad: que son los inventores de las plazas.

No hay duda de que la web social ha supuesto un punto de no retorno para el marketing y que sus estrategias anteriores se han quedado profundamente antiguas. Un ejemplo de esta obsolescencia son las acciones push, basadas en infiltrar el mensaje de marca en un contexto de medios de masas mediante la fórmula de la interrupción publicitaria. En la actualidad, los medios de comunicación y sus “audiencias” se hallan inmensamente diversificados, por lo que las acciones publicitarias han de segmentarse según los distintos públicos objetivos y canales de distribución.

Ahora los usuarios y potenciales clientes deciden en qué entornos quieren estar y a qué contenidos se quieren suscribir. Son ellos quienes abren su propio quiosco mientras esperan que las marcas se pasen por su puesto a ofrecerles sus productos.

Podría decirse que la venta a domicilio ha vuelto, pero en versión online, y quien no llame a la puerta de los usuarios perderá irremediablemente cualquier oportunidad de llegar a ellos. Este temor ha provocado que muchas empresas y profesionales del sector hayan irrumpido muy precipitadamente en la web 2.0 mostrando una total falta de perspectiva sobre lo que realmente significa participar en las redes sociales.

Linux-Microsoft

“Si me llaman, di que no estoy”

Quienes trabajan en sectores sociales, culturales y educativos conocen bien los contextos de las personas y sus relaciones, así que es lógico que muchas de las actuales estrategias de marketing 2.0 les parezcan superadas y provoquen en ellos una profunda sensación de extrañeza e incomodidad.

Tras muchos años en los que las empresas y sus profesionales le han dado la espalda a “lo social”, en la actualidad están mostrando un mayor interés y se están lanzando a las redes sociales seducidos por la importancia que tienen en el mercado las acciones de las personas en Internet. Lo malo es que mayoritariamente lo siguen haciendo al margen del criterio profesional del sector especialista en las personas.

Implicarse en el trabajo basado en las personas (eso es lo que son las redes sociales) (Vid. El tercer sector se pone primero en el entorno del 2.0) requiere de un cambio de mentalidad, objetivos y requisitos que no todos están dispuestos a asumir. Un síntoma perverso de los actuales tiempos es la abundancia de los “profesionales del 2.0″ ocupados a plena jornada en potenciar su “marca personal” como si fueran un champú exhibiendo, sin embargo, estrategias push de lo más agresivas, anticuadas e inoportunas.

Pese a la vuelta del “puerta a puerta” virtual, los usuarios de entornos 2.0 no desean que les vaya a visitar cualquiera. Precisamente, una de las principales ventajas de estos entornos es que sirven para configurar de manera selectiva lo que se desea y no se desea recibir en función de gustos e intereses personales.

La ventaja que para las empresas supone que los usuarios manifiesten en las redes estas preferencias también debería ser entendida como una expresión implícita de lo que no quieren. Por eso, en entornos 2.0 los contenidos irrelevantes resultan profundamente molestos y las personas que los promueven, auténticos maleducados.

¿Cuántas veces sucede que en algún grupo de Facebook o Linkedin alguien introduce contenidos que en nada tienen que ver con los fines del grupo?; ya lo haga promoviendo una empresa, un evento o el último artículo de su blog. Esto es lo mismo que, por ejemplo, creerse con derecho a intervenir en una conversación ajena que sucede en una cafetería por el hecho de que esté teniendo lugar en un espacio público. Y es que la naturaleza pública y abierta de las conversaciones e intercambios que suceden en las redes no quiere decir necesariamente que tengan un carácter indiscriminado.

Mauro Entrialgo Interneteo y Aparatuquis

Del community manager, a las communities managing

Las redes sociales no son entornos de venta, sino de relación personal e intercambio selectivo. Quien no quiera entender y asumir esto, fracasará estrepitosamente. Así pues, fracasan quienes se hacen miembros de grupos con el único objetivo de promover sus actividades y engrandecer su ego.

Fracasan quienes cortan y pegan la misma información en todas las redes y grupos a los que se han unido, sin importarles el contexto en el que lo hacen y a quiénes se dirigen. Fracasan los que solo participan cuando les llega una alerta de que su marca/ nombre ha sido mencionado, sin prestar atención a lo que otros puedan o hayan podido decir sobre otros temas.

Fracasan los plagiadores y los que no dan crédito a las ideas, los descubrimientos y la información de los demás. Fracasan quienes permanecen aletargados en sus cuentas 2.0 y solo cuando las cámaras de los eventos con streaming en directo se encienden, resucitan súbitamente y –solo entonces– tuitean sin descanso deseosos de hacerse notar entre una audiencia convocada por terceros.

Fracasan los que envían peticiones de contacto afirmando falsamente que son amigos o compañeros, pese a ser conscientes de que quien lo recibe no les conoce de nada. Fracasan quienes pretenden instrumentalizar para un beneficio particular a los grupos de personas que se unen en las redes para perseguir un fin común.

Fracasan, en definitiva, quienes no entienden ni quieren entender que para obtener beneficio, gratitud y reconocimiento, es necesario dar tanto como se recibe. Esta es la verdadera esencia de los entornos sociales en Internet. Sí, la generosidad y el compromiso son dos de sus características.

Pero pese a que este tipo de comportamientos insolidarios estén definitivamente abocados al fracaso, los miembros de los colectivos online no pueden permanecer pasivos. No se puede callar y confiar en que el moderador o community manager borre lo inapropiado y amoneste a los spammers, ya sean estos profesionales o meros ignorantes del correcto comportamiento en comunidad.

La gobernanza de los entornos sociales es una responsabilidad colectiva que ha de recaer en todos los integrantes del grupo, en todos y cada uno. Lo contrario sería como ver tirar basura en la calle y convivir resignadamente con ella mientras se confía en que alguien la retire. Los usuarios de las redes sociales no pueden seguir pretendiendo que su comportamiento –ya sea pasivo o activo– es inocuo.

La falta de encuentros en persona con los demás no les exime de su responsabilidad social. La sociedad digital es “sociedad” al fin y al cabo, y la vida en comunidad se rige por principios no muy distintos a los de las relaciones offline.

Así pues, el empoderamiento online no es solo un privilegio de la sociedad digital, sino que también genera una responsabilidad para sus ciudadanos. Por eso, nadie debería permitir a spammers, trolls y ególatras en busca de parroquia que les adore, deteriorar la experiencia de los usuarios en las redes sociales.

Como sucede con todas las herramientas, su bondad y conveniencia solo depende del uso que se les dé. Un correcto uso de los entornos 2.0 contribuye a establecer mecanismos de relación entre las personas; equilibrados, innovadores y sostenibles. Las redes sociales dan a cambio el inmenso placer que se siente al compartir conocimiento en red.

Originalmente publicado en: Compromiso Empresarial. Enero-febrero, 2012


Solidaridad: mejor si nos hace sentir bien

El final del año es una época en la que los medios de comunicación se esmeran por difundir un perverso mensaje de consumismo desaforado exculpado con unas gotas de solidaridad (el perfume de la navidad) Mientras los programas “solidarios” se acumulan en las parrillas de televisión, las ONGs hacen su agosto desplegando sus campañas de navidad en forma de pastillas, juguetes e ilusiones. He de decir que mi profunda vocación social se siente a veces abrumada ante tan ostentoso despliegue de penas y excesos de marketing que en muchas ocasiones ni siquiera han evolucionado más allá de hacernos sentir tristes y/o culpables.

Hoy quiero recordar una iniciativa -revolucionaria en su momento- que pasados más de 15 años todavía resulta más fresca y positiva que muchas de las ñoñeces impostadas que nos asaltan en la actualidad. Band Aid fue un grupo británico-irlandés fundado en 1984 por los cantantes Bob Geldof y Midge Ure para recaudar fondos contra el hambre de Etiopía. Grabaron el tema “Do They Know It’s Christmas?” en noviembre de 1984 que sobrepasó todas las expectativas, vendiendo más de un millón de ejemplares en una semana y convirtiéndose en número uno en ventas durante las navidades de ese año.

Los integrantes originales de la banda fueron: Linda Ronstadt, Adam Clayton (U2), Phil Collins (Genesis), Bob Geldof (The Boomtown Rats), Steve Norman (Spandau Ballet), Chris Cross (Ultravox), John Taylor (Duran Duran), Paul Young, Tony Hadley, Glenn Gregory (Heaven 17), Simon Le Bon (Duran Duran), Simon Crowe, Marilyn, Keren Woodward (Bananarama), Martin Kemp (Spandau Ballet), Jody Watley (Shalamar), Bono (U2), Paul Weller (The Style Council y previamente The Jam), James “J.T.” Taylor (Kool & The Gang), George Michael (Wham!), Midge Ure (Ultravox), Martyn Ware (Heaven 17), John Keeble (Spandau Ballet), Gary Kemp (Spandau Ballet), Roger Taylor (Duran Duran), Sara Dallin (Bananarama), Siobhan Fahey (Bananarama), Sting (The Police), Pete Briquette (The Boomtown Rats), Francis Rossi (Status Quo), Robert ‘Kool’ Bell (Kool & the Gang), Dennis Thomas (Kool & the Gang), Andy Taylor (Duran Duran), Jon Moss (Culture Club, antiguo integrante de Adam and the Ants), Rick Parfitt (Status Quo), Nick Rhodes (Duran Duran), Johnny Fingers (The Boomtown Rats), David Bowie (que contribuyó con una grabación que fue enviada a Geldof e integrada en el single), Boy George (Culture Club), Holly Johnson (Frankie Goes to Hollywood), Paul McCartney (Wings and The Beatles, que contribuyó con una grabación que fue enviada a Geldof e integrada en el single), Stuart Adamson (Big Country), Bruce Watson (Big Country), Tony Butler (Big Country), Mark Brzezicki (Big Country)

Posteriormente, se promovió el concierto internacional Live Aid.

Si te animas a acabar el año cantando, aquí tienes la letra de la canción:

It’s Christmas time
There’s no need to be afraid
At Christmas time
We let in light and we banish shade
And in our world of plenty
We can spread a smile of joy
Throw your arms around the world
At Christmas time

But say a prayer
Pray for the other ones
At Christmas time it’s hard
But when you’re having fun
There’s a world outside your window
And it’s a world of dread and fear
Where the only water flowing
Is the bitter sting of tears
And the Christmas bells that ring there
Are the clanging chimes of doom
Well tonight thank God it’s them instead of you

And there won’t be snow in Africa
This Christmas time
The greatest gift they’ll get this year is life
Where nothing ever grows
No rain nor rivers flow
Do they know it’s Christmas time at all?

BRIDGE:
(Here’s to you) raise a glass for everyone
(Here’s to them) underneath that burning sun
Do they know it’s Christmas time at all?

END:
Feed the world
Feed the world
Feed the world
Let them know it’s Christmas time again
Feed the world
Let them know it’s Christmas time again


Motivación para la participación

En numerosas ocasiones desde las organizaciones culturales culpamos a los usuarios por su escasa participación en los servicios culturales online. Sin embargo, muchos de los proyectos “institucionales” de participación colectiva se plantean de manera soberbia, instrumental o paternalista. Esto provoca que los usuarios se sientan juzgados, utilizados o ignorados y dirijan su interés y energía a entornos más amables en los que sí se puedan sentir parte significante de un proyecto y de su comunidad. Verdaderamente no hay nada como una buena motivación (creativa, humilde, divertida y de fácil comprensión) para que los usuarios sientan que pueden participar y aprender de forma amena, positiva y colaborativa. Las empresas ya se han dado cuenta de esto y desde hace mucho están proponiendo un tipo de marketing basado en las experiencias.

Quienes trabajamos en proyectos culturales hemos de tomar buena nota de esta tendencia centrada en la experiencia como principal elemento de reclamo y vinculación emocional. Por eso, estoy convencida que cualquier museo arrasaría con un proyecto similar a Contréxperience, promovido por una famosa marca francesa de agua mineral. Yo lo proyecté en una reciente intervención en el seminario “Redes sociales y museos. Reputación y credibilidad en la red” y puedo asegurar que causó sensación entre una audiencia plenamente cultural.

El vídeo es un ejemplo de trabajo colaborativo, divertido y con una metodología casi sin curva de aprendizaje. La experiencia colectiva, intensa y sencilla integra rápidamente a personas diversas que se unen temporalmente por un fin común. Está dirigido por Xavier Mairesse para la agencia de publicidad Marcel Paris y la música corre a cargo de Ultraviolet Music en colaboración con Schmooze London. La canción lleva por título “Comment Te Dire Adieu” y fue escrita por Serge Gainsborough en los años 60 e interpretada por la cantante francesa Françoise Hardy.


Una dosis de Edupunk y social media en las humanidades (2)

Tribus en xornadasredes

(Continuación del artículo: “Una dosis de Edupunk y social media en las humanidades (1)”)

Afrontar una clase o una conferencia con personas que se juntan de forma aislada en el tiempo es muy distinto que la docencia con un grupo de estudiantes que se reúnen de forma periódica. En los casos de intervenciones aisladas es muy necesario trabajar en relación a las expectativas de lo que para la mayoría de las personas significa “asistir a una conferencia”: esperan escuchar -sentados- a una única persona que es la que se supone que transmitirá el conocimiento. De modo  que para que las personas que se congregan en torno a las conferencias no salgan terriblemente frustradas ante dinámicas “raras” de transmisión del conocimiento, es importante cubrir sus expectativas proporcionando ciertas dosis de lo que esperan y otras muchas de lo que no ;) Por eso mucho del tiempo de las jornadas presenciales celebradas el pasado verano en el Museo provincial do Mar de Lugo transcurrió al más puro estilo “conferencia magistral”, pero sólo aparentemente.

Trastocar el modelo de enseñanza magistral pasa por poner en práctica pequeños cambios subversivos, infiltrándolos dentro de formatos familiares en lo referente a estándares de aprendizaje y transmisión del conocimiento. Uno de esos elementos fue el hecho de que quienes asistimos a las jornadas presenciales no sólo ya nos conocíamos, sino que éramos un grupo. A diferencia de otro tipo de conferencias al uso, nosotros habíamos trabajado juntos durante la Fase 1 que transcurrió íntegramente en internet. Esto provocó que el encuentro fuera un re-encuentro entre conocidos por lo que las conversaciones animadas, las anécdotas y el intercambio se produjeron desde el primer momento. Esto sucedió porque todos ya pertenecíamos al grupo y la verdad es que es triste que pertenecer a un grupo y reunirse sea algo subversivo en la gestión del conocimiento. Está claro que hemos de cambiar muchas dinámicas docentes, más aún ante los entornos de participación 2.0.

Bienvenida a xornadasredes

Cuando las personas se sienten parte de un grupo están más abiertas a explorar nuevas situaciones de forma colectiva y eso es buenísimo para el aprendizaje porque ¿qué no es el conocimiento por aprender sino lo inesperado? Los participantes de xornadasredes llegaron al museo conociendo a los demás, formando parte de un grupo y sabiendo que se les había asignado un color pero sin conocer lpara qué les iba a servir esa información y que se desveló a su llegada. De esta manera, cada participante tuvo que -previamente a entrar en la sala- buscar su color y ponerse una pegatina identificándose como miembro de una de las 3 (+ 1) tribus que yo había definido en función de sus actividades profesionales.

La condición de pertenencia a una tribu (creador@s, gestor@s, investigador@s y voluntari@s) reforzaba las redes de afinidad/identidad definidas entre los asistentes según el oficio de cada uno. Pero estas convenciones terminarían por saltar en pezados al final de la jornada cuando tratamos el asunto de la participación en los entornos 2.0.

Dinámica de roles de participación online en xornadasredesGracias a que contamos con la experiencia compartida de la Fase 1, pude diseñar una dinámica de grupo en la que reflexionamos conjuntamente sobre cómo había sido nuestra participación en el grupo de Facebook “Educación, cultura y acción social en los social media“. La actividad comenzaba por escoger una pegatina (a lo sumo dos) que definiera, no quiénes decíamos ser nosotros, sino cómo nos habíamos comportado durante la fase online. Las opciones de participación entre las que escoger eran: creador@, conector@, analític@, conversador@, coleccionista, espectador@ e inactiv@.

Uno de los aspectos fundamentales de esta acción era que los participantes asumieran de forma pública su condición online, escogiendo una pegatina y poniéndola en un lugar visible al lado de lo que cada uno de ellos había dicho ser offline. El objetivo era reflexionar sobre su propia participación en internet y comprender que el comportamiento online de las personas tiene una dimensión pública que matiza su actividad offline: lo online y lo offline están conectados. Así sugieron numerosas combinaciones como: creador@s-espectador@s, investigador@s-inactiv@s o gestor@s-conversador@s, habiendo sólo un caso de creador@-creador@: Sabela.

UTribus y roles online en xornadasredesna vez escogida y puesta la pegatina, los participantes tenían que encontrar a sus homólogos, sus verdaderos iguales en relación a su impacto en el beneficio común del grupo, para crear un grupo de debate en el que compartieran detalles de cómo había sido precisamente su participación. Con ello buscada que se reflexionara sobre la pretendida cualidad colaborativa y “buenista” de los entornos 2.0 y el hecho de que su interés para los usuarios parte de cómo es la participación individual de cada uno de nostros. Si no hay participación, ni creación, ni conversación, ni información, ni análisis crítico; no hay interés.

Existen muchos artículos y estudios que analizan cómo es la participación en entornos 2.0, así que me podría haber limitado simplemente a contarlo: que los creadores son muy pocos y que los mirones son muchos, casi tanto como los inactivos. Pero los meros datos no significan nada si no se asocian con la experiencia y el conocimiento de las personas, así que lo que hicimos fue aprender siendo. Quizás por eso los comentarios surgidos después de los debates en grupo fueron de altísima calidad e interés, como pocas veces he visto en los muchos años que llevo dando clase. Así que luego lo celebramos, como no podía ser de otra manera, todos juntos y con una estupenda comida colaborativa 2.0 de por medio, que coincidió con la fiesta del marisco en la que no hubo, ni inactiv@s, ni espectador@s.

Dinámica de roles online en xornadasredes

Dinámica de roles online en xornadaredes

Grupo de analíticos conversarndo en xornadasredes

Grupo de inactivos conversando en xornadasredes

Comida colaborativa en xornadasredes

Comida colaborativa en xornadasredes


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