Home ¿Sweet? Home. Claves para crear una buena página de inicio


El impresionante impacto alcanzado en los últimos años por los entornos 2.0 ha relegado a un segundo plano el interés por los aspectos comunicativos más tradicionales de Internet, conocidos ya como “Internet 1.0″. De este modo, las páginas webs han dejado de ser un tema recurrente en los foros profesionales sobre comunicación online para ceder el protagonismo a las redes sociales y a las aplicaciones móviles.

Este fenómeno ya se vaticinaba en 1997, cuando la emblemática revista Wired publicó el artículo Push! Kiss your browser goodbye: The radical future of media beyond the web. Sus autores, Kevin Kelly y Gary Wolf, cuestionaban en él la vigencia futura de las ya tradicionales páginas webs.

Sin embargo, y pese a las muchas voces que han anunciado la obsolescencia de las páginas webs, estas son hoy más que nunca profundamente necesarias. En el entorno de conversaciones efímeras, discursos fragmentados y veloces interacciones con el que Internet muestra su cara más actual; reflexionar, filtrar información y reordenar ideas se ha vuelto un imperativo para poder asimilar la experiencia contemporánea de la comunicación online.

No en vano aplicaciones como Storify, Storyful y otras muchas similares tratan de, bajo significativos eslóganes como “Don’t get lost in the noise”, dar respuesta a la ansiedad que produce la coexistencia de conversaciones entrecruzadas en las redes.

Este tipo de plataformas nacen para filtrar y recopilar el intercambio de información en torno a una única idea o evento. Para ello proporcionan un discurso articulado en forma de desarrollo temporal que sirve de guía a quien lo lee y que elimina la simultaneidad y el solapamiento de comunicaciones. Dichas aplicaciones son, en definitiva, la muestra palpable de que es necesario reconstruir relatos coherentes, manejables y definidos frente al “ruido” informe existente en las redes sociales. ¿Y no es esa quizás la función de las páginas webs?


Construyendo faros para el océano del conocimiento en red

Tal como defendía el artículo “Organizaciones y expertos para la gestión del conocimiento en Internet”, en la actual sociedad de la información los datos son abundantes y relativamente accesibles. Sin embargo, solo es posible conseguir un conocimiento diferencial mediante la selección, el contraste y la capacidad para establecer relaciones a partir de la información disponible.

Por eso y ante esta situación de tremenda sobredosis informativa, tanto los profesionales expertos como las organizaciones que trabajan con contenidos de interés general han de asumir su papel como referentes en la selección y organización de contenidos. Es precisamente en este contexto en el que las páginas webs adquieren una renovada función.

Lejos de su inicial objetivo de meros contenedores de información, la oportunidad de las páginas webs ahora reside en actuar como articuladores de contenido, seleccionando, ordenando, contextualizando y complementando la información. Su función es dotarla de sentido y estructurar sus relatos asociados creando entornos de conocimiento abiertos, plurales y dinámicos.

Atrás quedaron los tiempos en los que las webs eran concebidas como una mera traslación online del equivalente a una tarjeta de presentación profesional. La mayoría de las actuales páginas son entornos ricos en contenidos y funcionalidades a las que cualquier persona con conexión a Internet, desde cualquier lugar del mundo y en cualquier momento, podría potencialmente acceder.

Pero para que una página web sea accesible y comprensible desde parámetros tan diversos y generales es necesario haberla diseñado tras una profunda reflexión y una toma de decisiones muy precisa. Desde esta perspectiva, la llamada home o página de inicio de una web se plantea como un reto de extrema dificultad dado su carácter simbólico de presentación.

¿Qué son? ¿Para qué sirven? ¿Cómo ha de ser su diseño y servicios básicos? ¿Qué es lo que hay que contar en las páginas de inicio? Muy pocas organizaciones les dan el tratamiento que debieran pese a que constituyen un importante instrumento en términos de comunicación y marketing. Este artículo intenta proporcionar algunas pistas sobre qué esperar de ellas y cómo sacarles el mejor provecho en concordancia con los fines de las organizaciones que las impulsan.


Los tres falsos mitos más extendidos sobre las páginas de inicio

Existen numerosas creencias erróneas en relación a la naturaleza y función de las páginas de inicio. Estas son las tres que con mayor urgencia necesitan ser desterradas.

1. La página de inicio es la más importante de un sitio web

Esta idea es propia de quienes conciben Internet como un escaparate en el que solo con “estar” ya basta. Sin duda, la home es una página importante porque representa a la marca de la organización, pero no lo es tanto como en principio pudiera creerse. La razón de esto se explica en el siguiente punto.

2. Los usuarios acceden las webs a través de sus páginas de inicio

Este es un tipo de creencia propio de personas preocupadas por los contenidos pero con escasa experiencia en Internet, que tienden a concebir la home como si se tratara de la portada de una publicación en papel.

Sin embargo, está demostrado que los usuarios acceden a los contenidos de las webs a través de los buscadores, directamente a las páginas de lo sites que contienen contenidos relevantes a sus búsquedas y que aparecen en los buscadores porque están bien indexados (Vid. “Organizaciones y expertos para la gestión del conocimiento en Internet”).

Por tanto, es mucho más importante que los contenidos de una web se indexen bien, que su “portada” sea más o menos atractiva.

3. La regla de los tres clicks: la información no debe estar a más de tres clicks de navegación de la página de inicio

Según esta idea, la información debe proporcionarse en tan solo tres niveles de profundidad, por lo que la estructura web ha de ser eminentemente superficial. Este tipo de creencia es propia de aquellos que poseen ciertos conocimientos de usabilidad y accesibilidad web pero sin actualizar.

La realidad es que esta regla, anteriormente muy presente en los entornos profesionales web, ya ha sido descartada desde que se confirmó lo que se explica en el punto anterior. Por si fuera poco, la regla de los tres clicks se basa en la errónea asunción de que el único trayecto posible de navegación en una página web viene marcado por un orden secuenciado de niveles jerarquizado en base a un “árbol de contenidos”. Nada más absurdo a la hora de navegar en Internet.


Cuanto menos bulto, más claridad

Una de las páginas de inicio más frecuentes que se derivan de las tres falsas creencias anteriores, es la home con “logorrea informativa”. Esta clase de páginas intentan actuar como un índice-resumen de toda la web, por lo que ofrecen una sobreabundancia de opciones y contenidos que lejos de abrir un inmenso mundo de posibilidades, abruman al usuario y hacen que se paralice ante tal sobredosis de datos.

Frente tal maraña de información compitiendo por su atención, este termina por concluir que, bien por falta de tiempo, bien de capacidad, no le va a ser posible asimilar tal cantidad de información y, finalmente, desiste.

Este tipo de homes parten de la errónea presunción de que el usuario es incapaz de navegar sin perderse, ni de descubrir por sí mismo lo que quiere. Son páginas propias de organizaciones con actitudes paternalistas y tendentes a imponer su discurso sobre el usuario. El problema es que son frecuentemente confundidas con páginas “buenas” dada su gran cantidad de contenidos e información en un único espacio.

Aunque las homes han de ofrecer información por diferentes vías (menús, buscadores, destacados, etc.), han de hacerlo sin replicar la información para la que ya existen otras páginas en ese mismo site y sin multiplicar enlaces al mismo sitio.

A la cuestión de la cantidad se le suele unir la de la forma de estructurar la información. Otro de los errores más frecuentes es tratar de explicar la organización en función de cómo esta se gestiona internamente y no en base a lo que el usuario pueda necesitar o desear. Este importante defecto suele ser propio de webs pertenecientes a instituciones de gran tamaño, muy burocratizadas y que, lejos de hacer un esfuerzo de diálogo interno para comunicarse de forma usable y coherente, trasladan al usuario sus problemas internos.

A este problema también se suele unir el de la terminología empleada y, en general, la elección del tipo de lenguaje. Muchas páginas de inicio abusan de tecnicismos y referencias a departamentos o procesos internos de las organizaciones con escaso interés para el usuario web general.

De esta manera, solo el usuario experto comprende la distribución de contenidos sin tener que entrar en cada uno de los enlaces para ver qué hay. En esta línea, las últimas tendencias en webs tienden a explicar los contenidos en base a las acciones posibles por parte del usuario.

Así pues, el tradicional “Contacto” ha pasado a ser “Contacta”, el organigrama ha pasado a ser “Conócenos”, o el listado de los distintos departamentos ha dado paso a un “Explora”.

En otras palabras: la comunicación deja de tomar como referencia a la organización y se orienta al usuario en función de sus intereses y necesidades.


La sabiduría es discreta: el caso del Rijksmuseum

Rijksmuseum

No hay nada como una buena página de inicio promovida por una organización grande y compleja para comprender las ventajas (y dificultades) que ofrece una home eficiente. Un magnífico ejemplo es la página de inicio del Rijksmuseum de Ámsterdam en la que, a primera vista, destaca su sencillo y cuidado tratamiento gráfico.

Para un museo de artes visuales como es su caso, una imagen cuidada y de extraordinaria calidad ha de ser fundamental, puesto que el principal motor que impulsa a sus visitantes es precisamente el arte, una actividad en la que la estética desempeña un papel esencial.

Por otra parte y ante la tentación de mostrar “todo” lo que el museo posee en su maravillosa colección, este centro ha elegido una opción con mayor eficiencia y coherencia comunicativa: compartir inicialmente pocas imágenes, dejar tiempo al usuario para que se recree en su contemplación y confiar en que posteriormente quiera ver más.

Para que exista una buena home, la confianza es fundamental. Así el Rijksmuseum confía en la curiosidad e inteligencia de sus usuarios, su iniciativa y su capacidad de elección con una página de inicio valiente y arriesgada porque se abre a las posibles elecciones de su público.

Hay que destacar que las imágenes, un elemento nada banal en este site, son de igual calidad tanto en la home como en el resto de páginas. Este hecho muestra una honrada (y poco habitual) coherencia entre la página “escaparate” y lo que verdaderamente contiene. Lógicamente, el usuario no se sentirá defraudado a medida que continúe explorando los detalles de esta web.

El proyecto Rijksstudio: Make Your Own Masterpiece, que pone a disposición del usuario 125.000 imágenes que puede guardar, usar y manipular, ha recibido el premio Innovative/Experimental de 2013 en el congreso internacional Museums and the Web (el mejor a nivel mundial del sector), además del People’s Choice y el de Best of the Web.

Por si fuera poco, una de las tres imágenes seleccionadas está realizada por uno de los usuarios del museo. Con ello se destaca el importante papel que juegan los usuarios para este centro y se abre la puerta para que conozcan las muchas posibilidades de interacción que se les ofrecen en base a los contenidos de su colección.

Ante la magnífica experiencia de la home del Rijksmuseum, el usuario no podrá resistirse a explorar nuevas secciones a las cuales, dicho sea de paso, accede a ver en un único golpe de vista.

“Planifica tu visita”, “Colección” y “Sobre el museo” son las tres sencillas opciones que sintetizan de manera extremadamente eficiente toda la actividad de la institución. Gracias a su concisión el usuario tiene la sensación de que las puede abarcar todas, lo cual le anima a continuar indagando en los contenidos de la web sin sentirse, de entrada, abrumado o falto de capacidad.

Sin duda, el Rijksmuseum es una institución que acoge a sus usuarios a través de su página de inicio, atendiendo a sus necesidades y expectativas, seduciéndolos, incentivando su curiosidad, su creatividad, su capacidad de aventura y su participación. A través de su home este museo les da la bienvenida y les invita a que se encuentren como en casa, en su Home Sweet Home.

Publicado originalmente en: Compromiso empresarial, may-jun, 2013.


Organizaciones y expertos para la gestión del conocimiento en internet

Dicen que en internet está todo. Esta afirmación, tan optimista como desacertada, solo es la muestra de un sentir general de deseo y reivindicación de que ello así sea. Ojalá TODO estuviera en internet, aunque solo fuera la información de interés general. No obstante, y ciñéndonos al caso de España, es evidente que ni la Administración Pública, ni la inmensa mayoría de las organizaciones privadas de nuestro país han alcanzado tales cotas de apertura de datos, transparencia y rendición de cuentas. Sin duda, queda mucho por hacer en este sentido, pero a la voluntad de querer compartir información online habrá que añadir una necesaria reflexión sobre cómo se ha de llevar a cabo.

Las fuentes informativas de la Administración General del Estado son el vivo ejemplo de que en internet no está todo lo que debiera estar y lo que está, está “de aquella manera”. A sus perpetuos síntomas de ensimismamiento en su propia mega-estructura, la Administración Pública añade una tradicional soberbia informativa de cara a los ciudadanos. Sirva como ejemplo su instrumento oficial de información: el Boletín Oficial del Estado. Todas las acciones “relevantes” del Estado se publican diariamente en él, pero solo hay que echarle un vistazo para comprender que una cosa es que la información esté y otra que el ciudadano sepa encontrarla y comprenderla. Ni la terminología empleada, ni la ordenación de la información del BOE tienen en cuenta las expectativas y necesidades del usuario medio. Así pues, la principal herramienta de difusión del Estado español se presenta como un instrumento solo útil para iniciados en la estructura y jerga de lo público. Urge por tanto, adaptar la información de interés público –ya provenga esta de organizaciones públicas o privadas– a formatos y estándares de lo que en web se conoce como información “orientada al usuario”.

Las pautas a seguir para que la información de interés público esté “orientada al usuario” son sencillas: accesibilidad, usabilidad del entorno y calidad y relevancia de los contenidos. Aunque este artículo quiere subrayar la importancia de la última de ellas, conviene tener en cuenta unas nociones generales sobre las dos primeras para entender que en internet, tanto fondo como forma importan.

Sobre la forma en internet

La accesibilidad web es indispensable para que los ciudadanos puedan llegar a la información de manera universal. Esta se ocupa de cumplir con estándares tecnológicos internacionalmente consensuados que aseguren que la información sea accesible, independientemente de los navegadores utilizados y los sistemas operativos de cada usuario. Además, el uso de lenguajes y pautas de programación estándar asegura la escalabilidad sostenible de los entornos y servicios web, así como la compatibilidad del software con los dispositivos de ayuda desarrollados específicamente para personas con discapacidad.

El World Wide Web Consortium (W3C) es la organización internacional de referencia encargada de coordinar los estándares web de accesibilidad. Se trata de una comunidad internacional que desarrolla estándares que aseguren el crecimiento sostenible de la Web a largo plazo. A través de la Iniciativa de Accesibilidad en la Web (WAI), el W3C ha desarrollado una guía sobre la accesibilidad web para las personas con discapacidad que debería ser una pauta a seguir por todas aquellas organizaciones comprometidas con la Responsabilidad Social.


Por otra parte, la usabilidad asegura la facilidad de uso y comprensión de los entornos web. De la misma forma que para saber conducir un coche no hace falta saber construirlo (solo conducirlo), con los sistemas de información ha de suceder lo mismo: su uso ha de ser intuitivo y la información comprensible sin necesidad de conocer la organización que los publica. Así pues, la usabilidad se ocupa tanto de la disposición del contexto informativo asegurando que el entorno a utilizar sea práctico e inteligible, así como de que se comporte de acuerdo a las expectativas del usuario. Una web usable es: rápida, sencilla, indexable (su información se encuentra bien por los buscadores), accesible y está actualizada.

La arquitectura de la información es un pilar básico para la usabilidad de una web. El correcto ordenamiento de la información -unido a su diseño- determina la sencillez y la rapidez de comprensión del site por parte del usuario. Llegados a este punto, merecería un artículo específico el análisis de cómo se están planteando las páginas de inicio de las organizaciones dedicadas al interés general. ¿Son sus páginas de inicio verdaderas homes que acogen al usuario?

Una importante organización de referencia en lo relativo a usabilidad web es la Fundación Sidar Acceso Universal, dedicada a conseguir que la Sociedad de la Información en toda Iberoamérica sea accesible e inclusiva. Su interesante recopilación de herramientas de usabilidad y “diseño centrado en el usuario” debería ser una referencia fundamental en la comunicación web de toda organización social y cultural.

El fondo del “cajón de sastre”

Como parte del importante impulso del Open Data en España (Víd. Compromiso Empresarial, “Activismo 2.0 y empoderamiento ciudadano en red (II): Gobernando en modo 2.0”), en los últimos tiempos un gran número de organizaciones están incorporando una considerable cantidad de datos a sus webs. Pero tal como se ha explicado, compartir datos sin más ya no es suficiente. Los datos han de ser facilitados con sistemas de ordenación y gestión, accesibles y usables. En este sentido el modelo a seguir es el buscador de Google: una simple casilla en la que el usuario escribe lo que quiere y el buscador hace el resto del trabajo, proponiendo resultados. Qué resultados ofrece, cuántos y con qué prioridad en su ordenamiento son cuestiones que dependen de la accesibilidad y la usabilidad, pero también del contenido específico. Dicen que en internet está todo, pero todo no siempre es interesante en todo momento. El actual reto consiste en hacer que la información que contiene internet se muestre de forma rápida, relevante y eficiente.

Frente a la importancia que en los años recientes han recibido la accesibilidad web –mayoritariamente por razones de visibilidad y marketing– y (aunque menos) la usabilidad, la cuestión de los contenidos se ha convertido en la gran olvidada de las iniciativas web. Se ha invertido más en funcionalidades vistosas que en mejorar la calidad y la relevancia de los contenidos que, a la postre, son los responsables de que la información sea útil e interesante y por tanto, la razón primigenia que justifica la necesidad de compartirla en internet. Por si fuera poco, y aunque no sea cierto eso de que “en internet está todo”, la ingente cantidad de información existente en internet es abrumadora e inabarcable. Parafraseando a Jaron Lenier, pionero de las tecnologías en red (Víd. “Lo 2.0 y el traje nuevo del emperador”. Compromiso Empresarial), esto ha convertido internet en un entorno cacofónico, previsible y aburrido.

De la misma forma que cuando se acude al médico lo deseable es que como profesional proporcione un diagnóstico fiable y eficiente y no que, por ejemplo, se limite a poner un montón de libros de medicina encima de la mesa para que el enfermo encuentre las “respuestas”; cuando los usuarios acuden a los sistemas online, lo que quieren es que el sistema les proporcione la respuesta más adecuada a sus necesidades y no todas las respuestas, tal como está sucediendo ahora. La cuestión está en ¿cómo se identifica lo más “adecuado”?

Aunque parece indudable que hemos alcanzado la Sociedad de la Información, no está tan claro que por este camino se vaya a llegar a la tan prematuramente citada Sociedad del Conocimiento. Para crear verdaderas redes de conocimiento es imprescindible que los contenidos sean de calidad, que sean versátiles, que la gestión y el intercambio de los datos sea ágil y eficiente y que las fuentes de información se complementen entre sí. Solo se puede llegar a la Sociedad del Conocimiento estableciendo criterios y sistemas de relación conceptual basados en los contenidos y esto, por más que se esté intentando con la llamada “web semántica” o “web 3.0” y sus metadatos asociados, no lo hacen los buscadores tipo Google, sino las personas y las organizaciones que se ocupan de los contenidos.

El valor añadido de quienes saben

Las organizaciones que seleccionan, custodian, ordenan, investigan y difunden contenidos de interés general –como puedan ser los museos, las bibliotecas y las universidades– han de tomar conciencia de su papel como servicio público, ya sea su naturaleza pública o privada. Ante los inminentes retos de la Sociedad del Conocimiento, han de tomar el protagonismo y la iniciativa que les corresponde como articuladores de los sistemas de conocimiento, porque lo que al final interesa no es ya la información en sí misma, sino el conocimiento que se puede extraer de ella. Así pues, las organizaciones han de utilizar, compartir y desarrollar sus conocimientos como organización y la de quienes en ellas trabajan; tal como señalan Carlota Bustelo y Raquel Amarilla en su artículo “Gestión del conocimiento y gestión de la información” (2001).

¿Quién mejor que una organización experta en determinados contenidos para seleccionar, ordenar y complementar determinadas informaciones? Esta es una de las razones por las que nació el Foro Iberoamericano de Fundaciones y de hecho, es una de los iniciales (aunque últimamente desvirtuados) motores de la web 2.0: la confianza en los prescriptores cercanos al usuario.

Ahora el reto y la responsabilidad en la gestión del conocimiento para expertos y organizaciones es saber incorporar a sus discursos especializados relaciones relevantes y complementarias de contexto –como lo son los contenidos generados por los usuarios de internet– además de crear estructuras de conocimiento estables y sostenibles que articulen los diversos metarrelatos o microhistorias que complementan los megadiscursos tradicionales. Ya existen magníficos ejemplos en nuestro país de redes de conocimiento y servicios de relevancia extraordinaria, como el que encarna la Fundación Hazloposible que aglutina sinergias y conocimiento y destaca tanto en su plataforma online de intercambio de servicios e información especializada en ONGs, como en su programa de alianzas. Uno de sus mayores aciertos es haber tenido la visión de que lo importante es sumar y complementar iniciativas. Es así como verdaderamente se genera y se gestiona el conocimiento.

El valor añadido de nuestra sociedad no lo da el acceso a la información, pues está casi al alcance de cualquiera con solo un click. Lo que verdaderamente importa es el conocimiento diferencial que solo se consigue mediante la selección, el contraste y la capacidad para establecer relaciones. Esta es la oportunidad en la que a partir de ahora deberían trabajar los profesionales y organizaciones que trabajan con contenidos de interés general. La suma de todos, desde múltiples y cuidadas partes.

Publicado originalmente en: Compromiso Empresarial, mar-abr, 2013.


Cuando las ONG se la juegan. La gamificación para las causas sociales

Las causas sociales requieren importantes dosis de conciencia crítica y sensibilidad por parte de quienes en ellas colaboran. No obstante, la habitual dureza de los asuntos que atienden exige un esfuerzo y compromiso que a las personas no siempre les es fácil mantener, especialmente cuando su propia realidad se complica progresivamente.

En los últimos tiempos podría parecer difícil que los ciudadanos, cansados como están por una crisis que ha llegado hasta la puerta de sus casas, se mantengan preocupados y ocupados en los problemas sociales que no les afectan directamente. Sin embargo, es un hecho que las altas cotas de solidaridad demostradas por los españoles están a prueba de las peores crisis, lo cual tampoco es óbice para que las organizaciones sociales exploren nuevas maneras de captación de fondos y difusión de sus causas que resulten más livianas y atractivas para los que las apoyan con su esfuerzo. En este sentido, una de las fórmulas que más impulso está tomando es el recurso del juego como metodología bajo la fórmula de la llamada “gamificación”.

La “gamificación” (palabra derivada del inglés gamification) proviene de aplicar las técnicas del juego a entornos tradicionalmente ajenos a estas prácticas. Una vez más, el reciente fenómeno de la “gamificación” se extiende como tendencia a consecuencia de su implantación reciente en el mundo de la empresa.

Ya desde el año 2006, empresas como Nike han impulsado este tipo de iniciativas. Un ejemplo de ello fue la creación del dispositivo Nike+, compuesto de un sensor para las suelas de zapatillas Nike y de un receptor para el iPod de Apple, con una conexión entre ambos que permitía a cada corredor recoger los datos de sus carreras. Esta funcionalidad adquirió su dimensión social y lúdica a partir de que la empresa creara el sitio web Nikeplus.com Vía iTunes, cada corredor podía enviar sus datos a la página en la que se publicaban y su actividad adquiría una dimensión social.

A partir de actitudes comunes entre los corredores, como el afán de superación y la competitividad, las sucesivas modificaciones de esta web han generado en torno a sí una comunidad de corredores en la que en la actualidad cada uno puede configurar sus propios objetivos y ser identificado por el sistema dentro de su tipología correspondiente dentro del grupo. Además, existe la posibilidad de contar con un entrenador personal, de conseguir premios y de compartir los resultados en las redes sociales. Esta alianza estratégica entre dos empresas punteras a escala internacional es un ejemplo muy bueno sobre cómo establecer una relación win-win entre dos empresas, en la que también salen beneficiados los clientes de ambas.

Cabría pensar que las organizaciones sociales –precisamente por su dimensión colectiva y colaborativa– hayan implantado este tipo de estrategias en sus proyectos. Sin embargo, el informe titulado Estudio 2012. Gamificación, expectativas y grado de adopción en España pone de relieve que las organizaciones del tercer sector están todavía muy atrás en la implantación de la “gamificación” como recurso.

Jugar es ganar

Puede que la línea recta sea el camino más corto entre dos puntos, pero no siempre es el más eficiente. Al igual que existe diferencia entre viajar y simplemente desplazarse, tampoco es lo mismo, por ejemplo, captar fondos sin más y hacerlo creando simultáneamente una red estable de conocimiento, difusión y apoyo. Para esto último entre otras cosas sirve la “gamificación” de proyectos y metodologías.

La “gamificación” fomenta la creatividad, un recurso imprescindible para la innovación, la localización de recursos y la resolución de problemas. Esta es una de las razones por las que las empresas y organizaciones sociales deberían contar con personas de perfiles creativos entre los miembros de sus patronatos y consejos de administración. Además, jugar potencia el espíritu de aventura, el análisis crítico, el diseño de estrategias y la toma de decisiones. Para jugar es necesario participar, siendo la experiencia de la participación una de las formas más eficientes de analizar y valorar las situaciones.

No hay duda de que las experiencias en primera persona son las que mejor se recuerdan y por eso, la gamificación bien utilizada es un medio ideal para la sensibilización, colaboración y la fidelización. El juego es un vehículo de aprendizaje, conocimiento y una aventura por el descubrimiento.

Así pues, uno de los aspectos más interesantes de la incorporación del juego a las metodologías de las organizaciones viene dada por su capacidad de innovación, de sorpresa, de mostrar nuevos caminos, de abrir paso a lo inesperado. La capacidad de sorpresa del ser humano es casi infinita, pero las causas que atiende el sector social a menudo están atadas a una realidad dura y aplastante de la que resulta difícil zafarse. Por tanto, trabajar con lo inesperado y la sorpresa resulta especialmente recomendable cuando se trabaja con este tipo de causas.

Algunos ejemplos

La “gamificación” invita a la modificación de procesos dentro de organizaciones, para que los empleados y los beneficiarios generen valor social o económico, aunque fundamentalmente se está adoptando como técnica renovada en la captación de fondos por parte de las organizaciones del tercer sector. La capacidad del juego de proporcionar experiencias resulta muy interante para las organizaciones que quieren ir más allá de la mera captación de fondos.

De entre los pocos ejemplos existentes, uno de los más comentados ha sido la iniciativa School Land, impulsada a finales de 2011 por Unicef con la colaboración de ING Direct. A modo de juego en Facebook, School Land invita a los participantes a que colaboren en la construcción de una escuela en Zambia.

Así, los participantes pueden donar ladrillos, bidones de agua o libros para la escuela y cuya contribución se hace tangible en la página del juego. Promover este juego dentro de una red social tan masiva como Facebook constituye un acierto estratégico importante para la microdonación.

En esta línea, existen ejemplos de otros proyectos similiares que también han visibilizado de forma ejemplar la contribución de los colaboradores y su capacidad de cambiar las cosas, como lo fue el proyecto de crowdfunding (Vid. Dinero sin ánimo de lucro. Crowdfunding para monetizar el poder social) que Greenpeace lanzó a principios de 2011 para la construcción del Rainbow Warrior III.

Mucho más novedoso, por su dimensión colectiva y ajena al objetivo de la captación de fondos, es el proyecto impulsado por la Sociedad Española de Cardiología, denominado: La liga de los casos clínicos. Esta plataforma on-line promueve la generación de contenidos sobre práctica clínica a través de la competición lúdica entre profesionales, ya sea de forma individual o por equipos (hospitales).

Los participantes en el concurso acumulan puntos en la búsqueda del mejor caso clínico a través de un juego que en realidad toma como base la fórmula del tradicional call for papers pero relatado de una forma distinta que procura ser más lúdica y atractiva. La competición consiste en la publicación periódica en la web de diferentes casos clínicos de cardiología, en formato texto y multimedia, que llevan asociado un cuestionario con preguntas tipo test. Los participantes obtienen la puntuación a través de las respuestas marcadas en dicho formulario, con premios que se traducen en becas para la asistencia a congresos profesionales.

Sin duda, se trata de una eficiente fórmula para incentivar la participación, pues combina el reconocimiento profesional además de beneficios con máximo interés para el público objetivo al que se dirige la actividad.

En el entorno anglosajón, lo recreativo es un aspecto muy valorado en la gestión de organizaciones sin ánimo de lucro, no tanto así en la Europa continental, donde “lo serio” parece perder fuerza si se acompaña de una imagen relajada y de entretenimiento. Tal vez sea por eso por lo que en ese entorno se pueden encontrar muchos más casos de gamificación de causas sociales.

Un ejemplo es Grantoo, una plataforma social de juego que promueve la concesión de becas para colegios, familiares o los propios participantes. Con la colaboración de la plataforma on-line de música Grooveshark, Grantoo promueve un torneo on-line en el que los estudiantes compiten por becas de matrícula y realizan donaciones a tiempo real para organizaciones sociales. Al igual que en el caso de School Land, Grantoo es un proyecto hecho en colaboración con una empresa comercial.

Este tipo de alianzas tal vez sean una afortunada fórmula para conciliar los objetivos de las organizaciones sociales con los programas de responsabilidad social de las empresas. Incluso se da el caso de muchas plataformas de juego on-line, como la importantísima Zynga, que ante determinadas causas como el terremoto de Haití, ha desarrollado productos y servicios específicos para esta causa que introdujeron entre sus millones de jugadores.

Parece claro que Internet multiplica exponencialmente las posibilidades del juego como fórmula de afiliación y pertenencia a un grupo y a unos valores. Las organizaciones sociales, por su poder de inspiración universal, deben aprovechar los beneficios de esta fórmula de marketing, colaboración entre organizaciones y entretenimiento social. A fin de cuentas, es un juego en el que nunca se pierde.

Publicado originalmente en: Compromiso Empresarial, ene-feb, 2013.


El oportunismo 2.0 y la masa filantrópica

Son tiempos de recortes en los presupuestos públicos. El que más y el que menos, todos los departamentos han pasado por el filo de la tijera.

En medio de esta vorágine no faltan voces que presentan la cultura como una actividad prescindible en tiempo de crisis. Lo paradójico es que lo hagan, precisamente, en un momento en el que la avaricia de demasiados gobiernos y empresas ya ha puesto de manifiesto que los desequilibrios sociales estructurales terminan, irremediablemente, por reventar el propio sistema.

Hubiera sido necesario poner en su justo valor el papel de la cultura en la sociedad en vez de buscar modelos sociales basados únicamente en la rentabilidad a corto plazo y en la promoción de capacidades meramente utilitarias y exclusivamente dirigidas a proporcionar beneficios económicos directos.

No es sitio este artículo para defender la importancia sistémica de la cultura para la sociedad; ya lo argumenta en profundidad el libro de Martha C. Nussbaum, Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades (traducción de M. V. Rodil. Katz, 2010), en el que explica los beneficios de las humanidades para las sociedades democráticas contemporáneas. La cultura es, simplemente, consustancial a la sociedad.

La financiación de la cultura es una cuestión cardinal no exenta de riesgos. Dicen que quien paga, manda; por lo que un potencial intervencionismo por parte de quienes sustentan económicamente la cultura podría entrar en conflicto con la libertad inherente al acto creador, así como con la preservación de la diversidad de las distintas expresiones culturales. Este es el principal escollo que un potencial sistema cultural basado exclusivamente en la iniciativa privada encuentra entre quienes se dedican a la cultura en España.

Por otra parte, el sector cultural ha tomado conciencia –traumática y repentinamente– de que la administración pública no puede pagarlo todo. Así que se podría decir que la cultura en España está en un “ni contigo, ni sin ti” en relación al modelo de financiación que quiere para sí. Entretanto, el Gobierno parece dispuesto a pasar la patata caliente a la ciudadanía –especialmente a las empresas– mientras estas se parapetan en el argumento de su bajada de beneficios para justificar la congelación de sus programas de mecenazgo. ¿Dónde queda pues la filantropía inherente al mecenazgo empresarial, especialmente necesaria en tiempo de crisis?

Mecenazgo ¿en masa?

En los últimos tiempos abundan las propuestas que plantean soluciones a casi cualquier problema, añadiendo simplemente el adjetivo “2.0″ a su raíz; como si por el hecho de trasladar un problema a los demás este se fuera a solucionar.

Esta tergiversada y oportunista interpretación del fundamento colaborativo de Internet y del concepto de sabiduría colectiva propugnado por James Surowiecki en The Wisdom of Crowds: Why the Many Are Smarter Than the Few and How Collective Wisdom Shapes Business, Economies, Societies and Nations (2004), choca frontalmente con la saturación de iniciativas on-line a que los usuarios son llamados y con su subsiguiente incapacidad para gestionarlas todas. Y es que las oportunidades que ofrecen los entornos 2.0 no han de ser entendidas como un modelo único de financiación, ni de gobernanza asamblearia basada en el voluntariado.

Todo apunta a que la nueva Ley de Mecenazgo se limitará a establecer algunas modificaciones fiscales mientras que apela a la responsabilidad de los ciudadanos hacia la cultura y les llama a participar, aunque solo pagando.

Pero con una administración pública incapaz de asumir integralmente la financiación del país y una sociedad civil que no puede digerir en tiempo y forma la cascada de cargas que le son trasladadas cada semana, es difícil creer que los problemas de financiación de la cultura se vayan a arreglar “entre todos” con tan solo poner la etiqueta “2.0″ al problema. Desde esta perspectiva, resultan ciertamente perversas algunas propuestas que surgen de lo público echando mano de moda “colaborativa”, con la que pasan su incapacidad al ciudadano y a las empresas.

Un ejemplo de ello ha sido promovido recientemente por el Gobierno de la Región de Murcia.

Socializando los errores, privatizando los privilegios

Tras una gestión económica no exenta de polémica y derroches, el Departamento de Cultura y Turismo de esta región ha visto reducido su presupuesto un 4,16% con respecto a 2011.

Como solución a este recorte, se ha propuesto pedirle a unos mil empresarios de la región un total de 500 euros a cada uno a través de la iniciativa: Yo soy mecenas de la cultura, descrita así en su página web: “Micromecenas es un proyecto novedoso de la Región de Murcia que, surgiendo como respuesta a la conyuntura económica actual en el ámbito de la cultura, busca la sostenibilidad del patrimonio cultural de la Región mediante la participación del sector privado, desmitificando el concepto de “mecenazgo” para hacer ver que ser mecenas de la cultura puede estar al alcance de cualquiera. Las empresas podrán portar el sello oficial “Yo soy mecenas de la cultura. Región de Murcia” y ser reconocidas por la consejería de Cultura y Turismo mediante una aportación económica a los principales centros dependientes de ella y a una bolsa de emprendeurismo que fortalezca el tejido cultural base de la Región”.

Un rápido examen de esta plataforma de micromecenazgo pone de relieve la extremada pobreza de sus intenciones, sus informaciones, así como de los presuntos servicios que ofrece a la ciudadanía. Es más, esta web está muy lejos de ser un verdadero entorno 2.0 para los usuarios, como de entrada cabría esperar dada la abundancia de términos como “micromecenazgo” o “participación” con los que ilustra su argumentario. De hecho, cualquier posible comparación con otras iniciativas de micromecenazgo on-line –algunas tan antiguas como Kiva y sin embargo mucho más sólidas (Vid. Microcréditos on-line para una macroeconomía corresponsable)– dejan a “Yo soy mecenas de la cultura” en una paupérrima posición.

Los mecenas de esta iniciativa son tratados como meros patrocinadores, ya que no se espera más de ellos que una aportación de 500 euros por cabeza. Así, se ha creado una sección denominada “Salón de mecenas” en la que se reúnen los logotipos de un total de 16 empresas sobre las que no se proporciona ningún tipo de información ni valor añadido adicional, aparte de un exiguo enlace a sus respectivas páginas webs. Cuesta creer que, en el actual contexto de decrecimiento de la actividad filantrópica empresarial, esta plataforma vaya a incentivar el mecenazgo.

Más aún, su escasa calidad podría incluso resultar contraproducente para sus pretendidas intenciones, pues el retorno para los mecenas se limita a aparecer de esa guisa en el “Salón de mecenas” además de, en palabras del consejero de cultura de la Región de Murcia, Pedro Alberto Cruz, “presumir durante un año de ser mecenas de la cultura y usar el logo como quieran”.

Otra cuestión sorprendente es que no se facilite información sobre cómo se articula el proyecto (estrategia, objetivos económicos, fórmulas de participación de las partes, requisitos de las iniciativas a financiar, impacto, indicadores, gestión de la participación, retornos o evaluación) cuando la transparencia debería ser clave en un proyecto que lleva aparejado el pago por parte de donantes privados para un gobierno regional.

Solo leyendo los artículos recogidos en la sección de la plataforma “Noticias” salen a la luz detalles sobre la iniciativa. Así, se puede saber que lejos de promover un verdadero mecenazgo, el objetivo de esta plataforma es meramente recaudatorio: medio millón de euros en un año. Se trata de una cantidad que el consejero ha calificado como “suficiente” y que según sus declaraciones será empleada en un 70% para “el sostenimiento de museos, bibliotecas y centros culturales”. Ni rastro de detalles sobre cuáles serán los criterios de adjudicación y gestión de dicha recaudación.

Mucho más sugerente resulta la idea de invertir el 30% de lo recaudado en un “capital semilla” que, en palabras del consejero, será “diseminado entre proyectos de emprendeurismo cultural”. Pero, como en el caso anterior, sigue faltando información básica.

Es más, un análisis de los argumentos expuestos durante estas apariciones en prensa pone de manifiesto una peligrosa mezcla de conceptos y una flagrante falta de claridad en el valor estructural de esta propuesta.

Ojalá esta iniciativa de captación de fondos (que no de mecenazgo) se aproximara a la calidad de las plataformas de crowdfunding que funcionan en España (Vid. Dinero sin ánimo de lucro. Crowdfunding para monetizar el poder social). Resulta sorprendente que en lugar de crear un entorno on-line con visión contemporánea, en el que se integre la participación directa de los ciudadanos además de todo el abanico de servicios que proporcionan los entornos 2.0, la Consejería de Cultura y Turismo de la Región de Murcia se limite a esperar a que mil empresas de la región acudan a la web y cumplimenten el formulario de donación.

Dado que ya existen plataformas mucho mejores funcionando en España que se podrían haber utilizado, no se entiende por qué el gobierno murciano ha decidido gastarse el dinero en construir esta plataforma on-line que ni proporciona información, ni posibilidades de debate, ni intercambio, ni servicios.

Habrá que confiar en que la nueva Ley de Mecenazgo no venga acompañada de proyectos de mecenazgo tan poco fundamentados como este, que para colmo, encima ha de pagarse con el dinero de los contribuyentes.

Publicado originalmente en: Compromiso Empresarial, mayo-junio, 2012


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