Organizaciones y expertos para la gestión del conocimiento en internet
Posted: May 1, 2013 | Author: Pilar Gonzalo | Filed under: Academic and Education, Culture, en Español, Museum Professionals, Museums 2.0, Nonprofits, OpenGov, Sociable Museums, Social Good, Technology in Museums | 1 Comment »
Dicen que en internet está todo. Esta afirmación, tan optimista como desacertada, solo es la muestra de un sentir general de deseo y reivindicación de que ello así sea. Ojalá TODO estuviera en internet, aunque solo fuera la información de interés general. No obstante, y ciñéndonos al caso de España, es evidente que ni la Administración Pública, ni la inmensa mayoría de las organizaciones privadas de nuestro país han alcanzado tales cotas de apertura de datos, transparencia y rendición de cuentas. Sin duda, queda mucho por hacer en este sentido, pero a la voluntad de querer compartir información online habrá que añadir una necesaria reflexión sobre cómo se ha de llevar a cabo.
Las fuentes informativas de la Administración General del Estado son el vivo ejemplo de que en internet no está todo lo que debiera estar y lo que está, está “de aquella manera”. A sus perpetuos síntomas de ensimismamiento en su propia mega-estructura, la Administración Pública añade una tradicional soberbia informativa de cara a los ciudadanos. Sirva como ejemplo su instrumento oficial de información: el Boletín Oficial del Estado. Todas las acciones “relevantes” del Estado se publican diariamente en él, pero solo hay que echarle un vistazo para comprender que una cosa es que la información esté y otra que el ciudadano sepa encontrarla y comprenderla. Ni la terminología empleada, ni la ordenación de la información del BOE tienen en cuenta las expectativas y necesidades del usuario medio. Así pues, la principal herramienta de difusión del Estado español se presenta como un instrumento solo útil para iniciados en la estructura y jerga de lo público. Urge por tanto, adaptar la información de interés público –ya provenga esta de organizaciones públicas o privadas– a formatos y estándares de lo que en web se conoce como información “orientada al usuario”.
Las pautas a seguir para que la información de interés público esté “orientada al usuario” son sencillas: accesibilidad, usabilidad del entorno y calidad y relevancia de los contenidos. Aunque este artículo quiere subrayar la importancia de la última de ellas, conviene tener en cuenta unas nociones generales sobre las dos primeras para entender que en internet, tanto fondo como forma importan.
Sobre la forma en internet
La accesibilidad web es indispensable para que los ciudadanos puedan llegar a la información de manera universal. Esta se ocupa de cumplir con estándares tecnológicos internacionalmente consensuados que aseguren que la información sea accesible, independientemente de los navegadores utilizados y los sistemas operativos de cada usuario. Además, el uso de lenguajes y pautas de programación estándar asegura la escalabilidad sostenible de los entornos y servicios web, así como la compatibilidad del software con los dispositivos de ayuda desarrollados específicamente para personas con discapacidad.
El World Wide Web Consortium (W3C) es la organización internacional de referencia encargada de coordinar los estándares web de accesibilidad. Se trata de una comunidad internacional que desarrolla estándares que aseguren el crecimiento sostenible de la Web a largo plazo. A través de la Iniciativa de Accesibilidad en la Web (WAI), el W3C ha desarrollado una guía sobre la accesibilidad web para las personas con discapacidad que debería ser una pauta a seguir por todas aquellas organizaciones comprometidas con la Responsabilidad Social.

Por otra parte, la usabilidad asegura la facilidad de uso y comprensión de los entornos web. De la misma forma que para saber conducir un coche no hace falta saber construirlo (solo conducirlo), con los sistemas de información ha de suceder lo mismo: su uso ha de ser intuitivo y la información comprensible sin necesidad de conocer la organización que los publica. Así pues, la usabilidad se ocupa tanto de la disposición del contexto informativo asegurando que el entorno a utilizar sea práctico e inteligible, así como de que se comporte de acuerdo a las expectativas del usuario. Una web usable es: rápida, sencilla, indexable (su información se encuentra bien por los buscadores), accesible y está actualizada.
La arquitectura de la información es un pilar básico para la usabilidad de una web. El correcto ordenamiento de la información -unido a su diseño- determina la sencillez y la rapidez de comprensión del site por parte del usuario. Llegados a este punto, merecería un artículo específico el análisis de cómo se están planteando las páginas de inicio de las organizaciones dedicadas al interés general. ¿Son sus páginas de inicio verdaderas homes que acogen al usuario?
Una importante organización de referencia en lo relativo a usabilidad web es la Fundación Sidar Acceso Universal, dedicada a conseguir que la Sociedad de la Información en toda Iberoamérica sea accesible e inclusiva. Su interesante recopilación de herramientas de usabilidad y “diseño centrado en el usuario” debería ser una referencia fundamental en la comunicación web de toda organización social y cultural.
El fondo del “cajón de sastre”
Como parte del importante impulso del Open Data en España (Víd. Compromiso Empresarial, “Activismo 2.0 y empoderamiento ciudadano en red (II): Gobernando en modo 2.0”), en los últimos tiempos un gran número de organizaciones están incorporando una considerable cantidad de datos a sus webs. Pero tal como se ha explicado, compartir datos sin más ya no es suficiente. Los datos han de ser facilitados con sistemas de ordenación y gestión, accesibles y usables. En este sentido el modelo a seguir es el buscador de Google: una simple casilla en la que el usuario escribe lo que quiere y el buscador hace el resto del trabajo, proponiendo resultados. Qué resultados ofrece, cuántos y con qué prioridad en su ordenamiento son cuestiones que dependen de la accesibilidad y la usabilidad, pero también del contenido específico. Dicen que en internet está todo, pero todo no siempre es interesante en todo momento. El actual reto consiste en hacer que la información que contiene internet se muestre de forma rápida, relevante y eficiente.
Frente a la importancia que en los años recientes han recibido la accesibilidad web –mayoritariamente por razones de visibilidad y marketing– y (aunque menos) la usabilidad, la cuestión de los contenidos se ha convertido en la gran olvidada de las iniciativas web. Se ha invertido más en funcionalidades vistosas que en mejorar la calidad y la relevancia de los contenidos que, a la postre, son los responsables de que la información sea útil e interesante y por tanto, la razón primigenia que justifica la necesidad de compartirla en internet. Por si fuera poco, y aunque no sea cierto eso de que “en internet está todo”, la ingente cantidad de información existente en internet es abrumadora e inabarcable. Parafraseando a Jaron Lenier, pionero de las tecnologías en red (Víd. “Lo 2.0 y el traje nuevo del emperador”. Compromiso Empresarial), esto ha convertido internet en un entorno cacofónico, previsible y aburrido.
De la misma forma que cuando se acude al médico lo deseable es que como profesional proporcione un diagnóstico fiable y eficiente y no que, por ejemplo, se limite a poner un montón de libros de medicina encima de la mesa para que el enfermo encuentre las “respuestas”; cuando los usuarios acuden a los sistemas online, lo que quieren es que el sistema les proporcione la respuesta más adecuada a sus necesidades y no todas las respuestas, tal como está sucediendo ahora. La cuestión está en ¿cómo se identifica lo más “adecuado”?
Aunque parece indudable que hemos alcanzado la Sociedad de la Información, no está tan claro que por este camino se vaya a llegar a la tan prematuramente citada Sociedad del Conocimiento. Para crear verdaderas redes de conocimiento es imprescindible que los contenidos sean de calidad, que sean versátiles, que la gestión y el intercambio de los datos sea ágil y eficiente y que las fuentes de información se complementen entre sí. Solo se puede llegar a la Sociedad del Conocimiento estableciendo criterios y sistemas de relación conceptual basados en los contenidos y esto, por más que se esté intentando con la llamada “web semántica” o “web 3.0” y sus metadatos asociados, no lo hacen los buscadores tipo Google, sino las personas y las organizaciones que se ocupan de los contenidos.
El valor añadido de quienes saben
Las organizaciones que seleccionan, custodian, ordenan, investigan y difunden contenidos de interés general –como puedan ser los museos, las bibliotecas y las universidades– han de tomar conciencia de su papel como servicio público, ya sea su naturaleza pública o privada. Ante los inminentes retos de la Sociedad del Conocimiento, han de tomar el protagonismo y la iniciativa que les corresponde como articuladores de los sistemas de conocimiento, porque lo que al final interesa no es ya la información en sí misma, sino el conocimiento que se puede extraer de ella. Así pues, las organizaciones han de utilizar, compartir y desarrollar sus conocimientos como organización y la de quienes en ellas trabajan; tal como señalan Carlota Bustelo y Raquel Amarilla en su artículo “Gestión del conocimiento y gestión de la información” (2001).
¿Quién mejor que una organización experta en determinados contenidos para seleccionar, ordenar y complementar determinadas informaciones? Esta es una de las razones por las que nació el Foro Iberoamericano de Fundaciones y de hecho, es una de los iniciales (aunque últimamente desvirtuados) motores de la web 2.0: la confianza en los prescriptores cercanos al usuario.
Ahora el reto y la responsabilidad en la gestión del conocimiento para expertos y organizaciones es saber incorporar a sus discursos especializados relaciones relevantes y complementarias de contexto –como lo son los contenidos generados por los usuarios de internet– además de crear estructuras de conocimiento estables y sostenibles que articulen los diversos metarrelatos o microhistorias que complementan los megadiscursos tradicionales. Ya existen magníficos ejemplos en nuestro país de redes de conocimiento y servicios de relevancia extraordinaria, como el que encarna la Fundación Hazloposible que aglutina sinergias y conocimiento y destaca tanto en su plataforma online de intercambio de servicios e información especializada en ONGs, como en su programa de alianzas. Uno de sus mayores aciertos es haber tenido la visión de que lo importante es sumar y complementar iniciativas. Es así como verdaderamente se genera y se gestiona el conocimiento.
El valor añadido de nuestra sociedad no lo da el acceso a la información, pues está casi al alcance de cualquiera con solo un click. Lo que verdaderamente importa es el conocimiento diferencial que solo se consigue mediante la selección, el contraste y la capacidad para establecer relaciones. Esta es la oportunidad en la que a partir de ahora deberían trabajar los profesionales y organizaciones que trabajan con contenidos de interés general. La suma de todos, desde múltiples y cuidadas partes.
Publicado originalmente en: Compromiso Empresarial, mar-abr, 2013.
Cuando las ONG se la juegan. La gamificación para las causas sociales
Posted: January 22, 2013 | Author: Pilar Gonzalo | Filed under: en Español, Nonprofits, Social Good | Tags: .es, videos | 1 Comment »
Las causas sociales requieren importantes dosis de conciencia crítica y sensibilidad por parte de quienes en ellas colaboran. No obstante, la habitual dureza de los asuntos que atienden exige un esfuerzo y compromiso que a las personas no siempre les es fácil mantener, especialmente cuando su propia realidad se complica progresivamente.
En los últimos tiempos podría parecer difícil que los ciudadanos, cansados como están por una crisis que ha llegado hasta la puerta de sus casas, se mantengan preocupados y ocupados en los problemas sociales que no les afectan directamente. Sin embargo, es un hecho que las altas cotas de solidaridad demostradas por los españoles están a prueba de las peores crisis, lo cual tampoco es óbice para que las organizaciones sociales exploren nuevas maneras de captación de fondos y difusión de sus causas que resulten más livianas y atractivas para los que las apoyan con su esfuerzo. En este sentido, una de las fórmulas que más impulso está tomando es el recurso del juego como metodología bajo la fórmula de la llamada “gamificación”.
La “gamificación” (palabra derivada del inglés gamification) proviene de aplicar las técnicas del juego a entornos tradicionalmente ajenos a estas prácticas. Una vez más, el reciente fenómeno de la “gamificación” se extiende como tendencia a consecuencia de su implantación reciente en el mundo de la empresa.
Ya desde el año 2006, empresas como Nike han impulsado este tipo de iniciativas. Un ejemplo de ello fue la creación del dispositivo Nike+, compuesto de un sensor para las suelas de zapatillas Nike y de un receptor para el iPod de Apple, con una conexión entre ambos que permitía a cada corredor recoger los datos de sus carreras. Esta funcionalidad adquirió su dimensión social y lúdica a partir de que la empresa creara el sitio web Nikeplus.com Vía iTunes, cada corredor podía enviar sus datos a la página en la que se publicaban y su actividad adquiría una dimensión social.
A partir de actitudes comunes entre los corredores, como el afán de superación y la competitividad, las sucesivas modificaciones de esta web han generado en torno a sí una comunidad de corredores en la que en la actualidad cada uno puede configurar sus propios objetivos y ser identificado por el sistema dentro de su tipología correspondiente dentro del grupo. Además, existe la posibilidad de contar con un entrenador personal, de conseguir premios y de compartir los resultados en las redes sociales. Esta alianza estratégica entre dos empresas punteras a escala internacional es un ejemplo muy bueno sobre cómo establecer una relación win-win entre dos empresas, en la que también salen beneficiados los clientes de ambas.
Cabría pensar que las organizaciones sociales –precisamente por su dimensión colectiva y colaborativa– hayan implantado este tipo de estrategias en sus proyectos. Sin embargo, el informe titulado Estudio 2012. Gamificación, expectativas y grado de adopción en España pone de relieve que las organizaciones del tercer sector están todavía muy atrás en la implantación de la “gamificación” como recurso.
Jugar es ganar
Puede que la línea recta sea el camino más corto entre dos puntos, pero no siempre es el más eficiente. Al igual que existe diferencia entre viajar y simplemente desplazarse, tampoco es lo mismo, por ejemplo, captar fondos sin más y hacerlo creando simultáneamente una red estable de conocimiento, difusión y apoyo. Para esto último entre otras cosas sirve la “gamificación” de proyectos y metodologías.
La “gamificación” fomenta la creatividad, un recurso imprescindible para la innovación, la localización de recursos y la resolución de problemas. Esta es una de las razones por las que las empresas y organizaciones sociales deberían contar con personas de perfiles creativos entre los miembros de sus patronatos y consejos de administración. Además, jugar potencia el espíritu de aventura, el análisis crítico, el diseño de estrategias y la toma de decisiones. Para jugar es necesario participar, siendo la experiencia de la participación una de las formas más eficientes de analizar y valorar las situaciones.
No hay duda de que las experiencias en primera persona son las que mejor se recuerdan y por eso, la gamificación bien utilizada es un medio ideal para la sensibilización, colaboración y la fidelización. El juego es un vehículo de aprendizaje, conocimiento y una aventura por el descubrimiento.
Así pues, uno de los aspectos más interesantes de la incorporación del juego a las metodologías de las organizaciones viene dada por su capacidad de innovación, de sorpresa, de mostrar nuevos caminos, de abrir paso a lo inesperado. La capacidad de sorpresa del ser humano es casi infinita, pero las causas que atiende el sector social a menudo están atadas a una realidad dura y aplastante de la que resulta difícil zafarse. Por tanto, trabajar con lo inesperado y la sorpresa resulta especialmente recomendable cuando se trabaja con este tipo de causas.
Algunos ejemplos
La “gamificación” invita a la modificación de procesos dentro de organizaciones, para que los empleados y los beneficiarios generen valor social o económico, aunque fundamentalmente se está adoptando como técnica renovada en la captación de fondos por parte de las organizaciones del tercer sector. La capacidad del juego de proporcionar experiencias resulta muy interante para las organizaciones que quieren ir más allá de la mera captación de fondos.
De entre los pocos ejemplos existentes, uno de los más comentados ha sido la iniciativa School Land, impulsada a finales de 2011 por Unicef con la colaboración de ING Direct. A modo de juego en Facebook, School Land invita a los participantes a que colaboren en la construcción de una escuela en Zambia.
Así, los participantes pueden donar ladrillos, bidones de agua o libros para la escuela y cuya contribución se hace tangible en la página del juego. Promover este juego dentro de una red social tan masiva como Facebook constituye un acierto estratégico importante para la microdonación.
En esta línea, existen ejemplos de otros proyectos similiares que también han visibilizado de forma ejemplar la contribución de los colaboradores y su capacidad de cambiar las cosas, como lo fue el proyecto de crowdfunding (Vid. Dinero sin ánimo de lucro. Crowdfunding para monetizar el poder social) que Greenpeace lanzó a principios de 2011 para la construcción del Rainbow Warrior III.
Mucho más novedoso, por su dimensión colectiva y ajena al objetivo de la captación de fondos, es el proyecto impulsado por la Sociedad Española de Cardiología, denominado: La liga de los casos clínicos. Esta plataforma on-line promueve la generación de contenidos sobre práctica clínica a través de la competición lúdica entre profesionales, ya sea de forma individual o por equipos (hospitales).
Los participantes en el concurso acumulan puntos en la búsqueda del mejor caso clínico a través de un juego que en realidad toma como base la fórmula del tradicional call for papers pero relatado de una forma distinta que procura ser más lúdica y atractiva. La competición consiste en la publicación periódica en la web de diferentes casos clínicos de cardiología, en formato texto y multimedia, que llevan asociado un cuestionario con preguntas tipo test. Los participantes obtienen la puntuación a través de las respuestas marcadas en dicho formulario, con premios que se traducen en becas para la asistencia a congresos profesionales.
Sin duda, se trata de una eficiente fórmula para incentivar la participación, pues combina el reconocimiento profesional además de beneficios con máximo interés para el público objetivo al que se dirige la actividad.
En el entorno anglosajón, lo recreativo es un aspecto muy valorado en la gestión de organizaciones sin ánimo de lucro, no tanto así en la Europa continental, donde “lo serio” parece perder fuerza si se acompaña de una imagen relajada y de entretenimiento. Tal vez sea por eso por lo que en ese entorno se pueden encontrar muchos más casos de gamificación de causas sociales.
Un ejemplo es Grantoo, una plataforma social de juego que promueve la concesión de becas para colegios, familiares o los propios participantes. Con la colaboración de la plataforma on-line de música Grooveshark, Grantoo promueve un torneo on-line en el que los estudiantes compiten por becas de matrícula y realizan donaciones a tiempo real para organizaciones sociales. Al igual que en el caso de School Land, Grantoo es un proyecto hecho en colaboración con una empresa comercial.
Este tipo de alianzas tal vez sean una afortunada fórmula para conciliar los objetivos de las organizaciones sociales con los programas de responsabilidad social de las empresas. Incluso se da el caso de muchas plataformas de juego on-line, como la importantísima Zynga, que ante determinadas causas como el terremoto de Haití, ha desarrollado productos y servicios específicos para esta causa que introdujeron entre sus millones de jugadores.
Parece claro que Internet multiplica exponencialmente las posibilidades del juego como fórmula de afiliación y pertenencia a un grupo y a unos valores. Las organizaciones sociales, por su poder de inspiración universal, deben aprovechar los beneficios de esta fórmula de marketing, colaboración entre organizaciones y entretenimiento social. A fin de cuentas, es un juego en el que nunca se pierde.
Publicado originalmente en: Compromiso Empresarial, ene-feb, 2013.
El oportunismo 2.0 y la masa filantrópica
Posted: June 27, 2012 | Author: Pilar Gonzalo | Filed under: en Español, Fundraising, Nonprofits, Social Good | Leave a comment »
Son tiempos de recortes en los presupuestos públicos. El que más y el que menos, todos los departamentos han pasado por el filo de la tijera.
En medio de esta vorágine no faltan voces que presentan la cultura como una actividad prescindible en tiempo de crisis. Lo paradójico es que lo hagan, precisamente, en un momento en el que la avaricia de demasiados gobiernos y empresas ya ha puesto de manifiesto que los desequilibrios sociales estructurales terminan, irremediablemente, por reventar el propio sistema.
Hubiera sido necesario poner en su justo valor el papel de la cultura en la sociedad en vez de buscar modelos sociales basados únicamente en la rentabilidad a corto plazo y en la promoción de capacidades meramente utilitarias y exclusivamente dirigidas a proporcionar beneficios económicos directos.
No es sitio este artículo para defender la importancia sistémica de la cultura para la sociedad; ya lo argumenta en profundidad el libro de Martha C. Nussbaum, Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades (traducción de M. V. Rodil. Katz, 2010), en el que explica los beneficios de las humanidades para las sociedades democráticas contemporáneas. La cultura es, simplemente, consustancial a la sociedad.
La financiación de la cultura es una cuestión cardinal no exenta de riesgos. Dicen que quien paga, manda; por lo que un potencial intervencionismo por parte de quienes sustentan económicamente la cultura podría entrar en conflicto con la libertad inherente al acto creador, así como con la preservación de la diversidad de las distintas expresiones culturales. Este es el principal escollo que un potencial sistema cultural basado exclusivamente en la iniciativa privada encuentra entre quienes se dedican a la cultura en España.
Por otra parte, el sector cultural ha tomado conciencia –traumática y repentinamente– de que la administración pública no puede pagarlo todo. Así que se podría decir que la cultura en España está en un “ni contigo, ni sin ti” en relación al modelo de financiación que quiere para sí. Entretanto, el Gobierno parece dispuesto a pasar la patata caliente a la ciudadanía –especialmente a las empresas– mientras estas se parapetan en el argumento de su bajada de beneficios para justificar la congelación de sus programas de mecenazgo. ¿Dónde queda pues la filantropía inherente al mecenazgo empresarial, especialmente necesaria en tiempo de crisis?
Mecenazgo ¿en masa?
En los últimos tiempos abundan las propuestas que plantean soluciones a casi cualquier problema, añadiendo simplemente el adjetivo “2.0″ a su raíz; como si por el hecho de trasladar un problema a los demás este se fuera a solucionar.
Esta tergiversada y oportunista interpretación del fundamento colaborativo de Internet y del concepto de sabiduría colectiva propugnado por James Surowiecki en The Wisdom of Crowds: Why the Many Are Smarter Than the Few and How Collective Wisdom Shapes Business, Economies, Societies and Nations (2004), choca frontalmente con la saturación de iniciativas on-line a que los usuarios son llamados y con su subsiguiente incapacidad para gestionarlas todas. Y es que las oportunidades que ofrecen los entornos 2.0 no han de ser entendidas como un modelo único de financiación, ni de gobernanza asamblearia basada en el voluntariado.
Todo apunta a que la nueva Ley de Mecenazgo se limitará a establecer algunas modificaciones fiscales mientras que apela a la responsabilidad de los ciudadanos hacia la cultura y les llama a participar, aunque solo pagando.
Pero con una administración pública incapaz de asumir integralmente la financiación del país y una sociedad civil que no puede digerir en tiempo y forma la cascada de cargas que le son trasladadas cada semana, es difícil creer que los problemas de financiación de la cultura se vayan a arreglar “entre todos” con tan solo poner la etiqueta “2.0″ al problema. Desde esta perspectiva, resultan ciertamente perversas algunas propuestas que surgen de lo público echando mano de moda “colaborativa”, con la que pasan su incapacidad al ciudadano y a las empresas.
Un ejemplo de ello ha sido promovido recientemente por el Gobierno de la Región de Murcia.
Socializando los errores, privatizando los privilegios
Tras una gestión económica no exenta de polémica y derroches, el Departamento de Cultura y Turismo de esta región ha visto reducido su presupuesto un 4,16% con respecto a 2011.
Como solución a este recorte, se ha propuesto pedirle a unos mil empresarios de la región un total de 500 euros a cada uno a través de la iniciativa: Yo soy mecenas de la cultura, descrita así en su página web: “Micromecenas es un proyecto novedoso de la Región de Murcia que, surgiendo como respuesta a la conyuntura económica actual en el ámbito de la cultura, busca la sostenibilidad del patrimonio cultural de la Región mediante la participación del sector privado, desmitificando el concepto de “mecenazgo” para hacer ver que ser mecenas de la cultura puede estar al alcance de cualquiera. Las empresas podrán portar el sello oficial “Yo soy mecenas de la cultura. Región de Murcia” y ser reconocidas por la consejería de Cultura y Turismo mediante una aportación económica a los principales centros dependientes de ella y a una bolsa de emprendeurismo que fortalezca el tejido cultural base de la Región”.
Un rápido examen de esta plataforma de micromecenazgo pone de relieve la extremada pobreza de sus intenciones, sus informaciones, así como de los presuntos servicios que ofrece a la ciudadanía. Es más, esta web está muy lejos de ser un verdadero entorno 2.0 para los usuarios, como de entrada cabría esperar dada la abundancia de términos como “micromecenazgo” o “participación” con los que ilustra su argumentario. De hecho, cualquier posible comparación con otras iniciativas de micromecenazgo on-line –algunas tan antiguas como Kiva y sin embargo mucho más sólidas (Vid. Microcréditos on-line para una macroeconomía corresponsable)– dejan a “Yo soy mecenas de la cultura” en una paupérrima posición.
Los mecenas de esta iniciativa son tratados como meros patrocinadores, ya que no se espera más de ellos que una aportación de 500 euros por cabeza. Así, se ha creado una sección denominada “Salón de mecenas” en la que se reúnen los logotipos de un total de 16 empresas sobre las que no se proporciona ningún tipo de información ni valor añadido adicional, aparte de un exiguo enlace a sus respectivas páginas webs. Cuesta creer que, en el actual contexto de decrecimiento de la actividad filantrópica empresarial, esta plataforma vaya a incentivar el mecenazgo.
Más aún, su escasa calidad podría incluso resultar contraproducente para sus pretendidas intenciones, pues el retorno para los mecenas se limita a aparecer de esa guisa en el “Salón de mecenas” además de, en palabras del consejero de cultura de la Región de Murcia, Pedro Alberto Cruz, “presumir durante un año de ser mecenas de la cultura y usar el logo como quieran”.
Otra cuestión sorprendente es que no se facilite información sobre cómo se articula el proyecto (estrategia, objetivos económicos, fórmulas de participación de las partes, requisitos de las iniciativas a financiar, impacto, indicadores, gestión de la participación, retornos o evaluación) cuando la transparencia debería ser clave en un proyecto que lleva aparejado el pago por parte de donantes privados para un gobierno regional.
Solo leyendo los artículos recogidos en la sección de la plataforma “Noticias” salen a la luz detalles sobre la iniciativa. Así, se puede saber que lejos de promover un verdadero mecenazgo, el objetivo de esta plataforma es meramente recaudatorio: medio millón de euros en un año. Se trata de una cantidad que el consejero ha calificado como “suficiente” y que según sus declaraciones será empleada en un 70% para “el sostenimiento de museos, bibliotecas y centros culturales”. Ni rastro de detalles sobre cuáles serán los criterios de adjudicación y gestión de dicha recaudación.
Mucho más sugerente resulta la idea de invertir el 30% de lo recaudado en un “capital semilla” que, en palabras del consejero, será “diseminado entre proyectos de emprendeurismo cultural”. Pero, como en el caso anterior, sigue faltando información básica.
Es más, un análisis de los argumentos expuestos durante estas apariciones en prensa pone de manifiesto una peligrosa mezcla de conceptos y una flagrante falta de claridad en el valor estructural de esta propuesta.
Ojalá esta iniciativa de captación de fondos (que no de mecenazgo) se aproximara a la calidad de las plataformas de crowdfunding que funcionan en España (Vid. Dinero sin ánimo de lucro. Crowdfunding para monetizar el poder social). Resulta sorprendente que en lugar de crear un entorno on-line con visión contemporánea, en el que se integre la participación directa de los ciudadanos además de todo el abanico de servicios que proporcionan los entornos 2.0, la Consejería de Cultura y Turismo de la Región de Murcia se limite a esperar a que mil empresas de la región acudan a la web y cumplimenten el formulario de donación.
Dado que ya existen plataformas mucho mejores funcionando en España que se podrían haber utilizado, no se entiende por qué el gobierno murciano ha decidido gastarse el dinero en construir esta plataforma on-line que ni proporciona información, ni posibilidades de debate, ni intercambio, ni servicios.
Habrá que confiar en que la nueva Ley de Mecenazgo no venga acompañada de proyectos de mecenazgo tan poco fundamentados como este, que para colmo, encima ha de pagarse con el dinero de los contribuyentes.
Publicado originalmente en: Compromiso Empresarial, mayo-junio, 2012
Dadme calderilla y moveré el mundo. Microcréditos online para una macroeconomía corresponsable
Posted: May 6, 2012 | Author: Pilar Gonzalo | Filed under: Fundraising, Nonprofits, Social Good | Tags: .es, videos | 1 Comment »La vertiginosa progresión mundial de la última crisis financiera ha puesto de relieve la urgente necesidad de encontrar soluciones sostenibles planteadas con una perspectiva también global. Tal como las organizaciones del tercer sector han venido denunciando durante años, las relaciones de explotación y desigualdad son insostenibles a medio y largo plazo. Una vez llegados a ese término, ya no se puede seguir mirando hacia otro lado ante los problemas de los demás.
Resulta paradójico que en la actualidad -cuando más posible está siendo el diálogo y la colaboración gracias a las herramientas online- sea la época en la que los gobiernos estén mostrándose más dependientes de las circunstancias de un mercado financiero controlado por unos pocos. Visto lo sucedido en países como Grecia o Italia, donde sus gobiernos democráticos han sido fulminantemente sustituidos por la maquinaria del sistema financiero; en los tiempos que corren resulta difícil creer que el dinero esté al servicio de las personas y no viceversa. Sin embargo, comienzan a consolidarse modelos alternativos de financiación, más solidarios, globales y enfocados a las personas, que aprovechan las oportunidades de Internet para sortear las parciales imposiciones de los intermediarios políticos y económicos. Tal es el caso del llamado Peer to Peer Lending (Préstamo entre pares) o Social Lending (Préstamo social)
El Préstamo social es un tipo de crédito que permite a donantes individuales realizar préstamos reducidos a emprendedores de países en vías de desarrollo y pequeñas empresas. A diferencia del crowdfunding, sí es una actividad susceptible de tener ánimo de lucro por lo que conviene conocer algunos pormenores de en qué términos se gestiona este dinero.
Kiva, la pionera de los microcréditos online
Kiva (www.kiva.org), que en Suahili significa “acuerdo” y “unidad”, es la plataforma de microcréditos en Internet más conocida y completa. Surgió en 2005 en Estados Unidos después de que sus fundadores Matthew Flannery y Jessica Jackley tomaran conciencia del crucial impacto que los microcréditos estaban teniendo entre las pequeñas comunidades de emprendedores de Uganda y Tanzania (Ver. Compromiso Empresarial, septiembre-octubre, 2010)
Esta organización sin ánimo de lucro cuenta con una trayectoria profundamente inspiradora. Desde los 3.500$ de financiación total conseguidos hace siete años para el primer grupo de emprendedores, Kiva ha progresado hasta alcanzar más de 291 millones de dólares en préstamos concedidos a más de 740 mil diferentes emprendedores y proporcionados por unos 700 mil usuarios.
Kiva destaca por su fluida usabilidad que se ve apoyada por un lenguaje enormemente didáctico y altas dosis de transparencia, imprescindibles en una iniciativa como ésta basada en la buena fe y la confianza entre pares. Resulta lógico pues que Kiva comparta sus estados financieros (http://www.kiva.org/about/finances) además de información sobre sus políticas de gestión, criterios y sistemas de gobierno.
Este sistema de microcréditos se basa en aportaciones mínimas de 25$ por parte de los prestamistas, quienes podrán encontrar en Kiva información detallada sobre los proyectos, tanto los que necesitan fondos como de los que ya los han obtenido. Los prestamistas, una vez hayan seleccionado el proyecto a financiar, pueden ponerse en contacto con los Field Partners (Socios en el terreno) (http://www.kiva.org/partners) vinculados al área, que son una serie de organizaciones financieras de microcréditos distribuidas por diferentes lugares del planeta y quienes se encargarán de gestionar los préstamos a los emprendedores.
Los Socios en el terreno son agentes clave para el éxito de Kiva porque son quienes finalmente asumen la responsabilidad de: seleccionar a los prestatarios, reunir sus fondos, publicar sus peticiones de préstamo en Kiva, realizar los desembolsos a los prestamistas, así como la recaudación de los pagos. Por su parte, Kiva no establece ninguna relación contractual entre los prestatarios y los prestamistas, sino que deja a los Socios en el terreno este papel para que además desempeñen una cardinal labor de administración y supervisión in situ, atendiendo desde la proximidad a proyectos y emprendedores. Su papel decisivo en el buen desarrollo de los fines de Kiva hace que su elección sea un pilar estratégico que ha de llevarse a cabo con las máximas garantías.
Los criterios para seleccionar a los Socios en el terreno son según Kiva, la calidad y la excelencia en una misión profundamente ligada a lo social. Así, se escoge a organizaciones que destacan en: protección de los clientes; garantías en la orientación y alcance de los servicios a los más desfavorecidos; productos específicamente diseñados para las necesidades de los destinatarios; medición de resultados en la vida de los clientes prestatarios y ahorradores; y oferta por añadidura a los servicios de préstamo de servicios de ahorro, formación en educación financiera y programas de empoderamiento.
En la actualidad Kiva cuenta con 147 Socios en el terreno distribuidos entre 61 países distintos, los cuales se presentan clasificados en función de su “social performance” (desempeño social) que mide los beneficios generados para las comunidades a las que sirven. Los Socios cobran intereses por sus préstamos a los promotores de los proyectos en un porcentaje a criterio de cada entidad de microcrédito. Compartir este dato es requisito imprescindible para obtener la condición de Socios en el terreno y se puede consultar en las fichas informativas disponibles en la plataforma. Por otra parte, Kiva asegura que no cobra intereses a los prestamistas y que nunca se asociará con entidades que cobren intereses desorbitados.
El paisaje de la calderilla
Pese a que Kiva sea la organización de microcréditos online más destacable, son varias las que actualmente ofrecen sus servicios en Internet. Tal es el caso de Microplace (www.microplace.com), filial de eBay lamentablemente limitada a inversores de Estados Unidos, que a diferencia de Kiva cobra una tarifa de un 1% del total recaudado a los prestamistas. Por la parte europea, la francesa Veecus (www.veecus.com) ofrece microfinanciación no sólo a “países del sur”, sino que amplía sus servicios a proyectos también radicados en Francia. Sin embargo, la información sobre su actividad resulta insuficiente, así como algunos de los argumentos empleados sobre sus supuestas bondades. Que el beneficio dado a los prestamistas se limite a proveer de organizaciones de microcrédito con un interés menor que el habitual en los bancos, es un argumento tremendamente pobre frente a los beneficios en lo referente a proximidad, formación, supervisión y fortalecimiento del tejido social proporcionados por los Socios en el terreno de Kiva.
Pero al margen de las características particulares de cada plataforma, cabe preguntarse por el impacto de estas iniciativas en la captación de fondos realizada por las organizaciones sociales. Parece lógico que iniciativas como Kiva le estén restando a las organizaciones cierta capacidad de captación fondos. Los donantes, en lugar de dar a las organizaciones para que estas implementen sus programas, perciben un impacto más eficiente de su dinero si, una vez recuperado, además pueden seguir reinvirtiéndolo en nuevos proyectos. Con ello no sólo ayudan a más personas sino que además lo hacen sin tener que minar su bolsillo de manera indefinida. Desde este punto de vista las plataformas de microcréditos online se presentan como una fórmula ideal para superar la ya tipificada como donor fatigue (fatiga del donante).
Ahora más que nunca, la transparencia y la calidad de la comunicación en la rendición de cuentas juegan un papel determinante a la hora de que los usuarios tomen la decisión de cómo realizar su inversión social. Es un momento crucial para que las organizaciones del tercer sector se planteen una revisión integral de su comunicación para ligarla a tiempo real a los más altos estándares de rendición de cuentas. Además, cuentan con una magnífica oportunidad para también revisar su función social e ir más allá de la de meros canalizadores de donaciones. Es tiempo de que las organizaciones sociales se concentren en su contribución estratégica a escala glocal, puesto que pese a la bondad de las acciones individuales de los donantes, estas nunca podrán sustituir la visión estratégica y analítica que aportan las organizaciones.
Originalmente publicado en: Compromiso Empresarial. Marzo-abril, 2012