Cuando las ONG se la juegan. La gamificación para las causas sociales

Las causas sociales requieren importantes dosis de conciencia crítica y sensibilidad por parte de quienes en ellas colaboran. No obstante, la habitual dureza de los asuntos que atienden exige un esfuerzo y compromiso que a las personas no siempre les es fácil mantener, especialmente cuando su propia realidad se complica progresivamente.

En los últimos tiempos podría parecer difícil que los ciudadanos, cansados como están por una crisis que ha llegado hasta la puerta de sus casas, se mantengan preocupados y ocupados en los problemas sociales que no les afectan directamente. Sin embargo, es un hecho que las altas cotas de solidaridad demostradas por los españoles están a prueba de las peores crisis, lo cual tampoco es óbice para que las organizaciones sociales exploren nuevas maneras de captación de fondos y difusión de sus causas que resulten más livianas y atractivas para los que las apoyan con su esfuerzo. En este sentido, una de las fórmulas que más impulso está tomando es el recurso del juego como metodología bajo la fórmula de la llamada “gamificación”.

La “gamificación” (palabra derivada del inglés gamification) proviene de aplicar las técnicas del juego a entornos tradicionalmente ajenos a estas prácticas. Una vez más, el reciente fenómeno de la “gamificación” se extiende como tendencia a consecuencia de su implantación reciente en el mundo de la empresa.

Ya desde el año 2006, empresas como Nike han impulsado este tipo de iniciativas. Un ejemplo de ello fue la creación del dispositivo Nike+, compuesto de un sensor para las suelas de zapatillas Nike y de un receptor para el iPod de Apple, con una conexión entre ambos que permitía a cada corredor recoger los datos de sus carreras. Esta funcionalidad adquirió su dimensión social y lúdica a partir de que la empresa creara el sitio web Nikeplus.com Vía iTunes, cada corredor podía enviar sus datos a la página en la que se publicaban y su actividad adquiría una dimensión social.

A partir de actitudes comunes entre los corredores, como el afán de superación y la competitividad, las sucesivas modificaciones de esta web han generado en torno a sí una comunidad de corredores en la que en la actualidad cada uno puede configurar sus propios objetivos y ser identificado por el sistema dentro de su tipología correspondiente dentro del grupo. Además, existe la posibilidad de contar con un entrenador personal, de conseguir premios y de compartir los resultados en las redes sociales. Esta alianza estratégica entre dos empresas punteras a escala internacional es un ejemplo muy bueno sobre cómo establecer una relación win-win entre dos empresas, en la que también salen beneficiados los clientes de ambas.

Cabría pensar que las organizaciones sociales –precisamente por su dimensión colectiva y colaborativa– hayan implantado este tipo de estrategias en sus proyectos. Sin embargo, el informe titulado Estudio 2012. Gamificación, expectativas y grado de adopción en España pone de relieve que las organizaciones del tercer sector están todavía muy atrás en la implantación de la “gamificación” como recurso.

Jugar es ganar

Puede que la línea recta sea el camino más corto entre dos puntos, pero no siempre es el más eficiente. Al igual que existe diferencia entre viajar y simplemente desplazarse, tampoco es lo mismo, por ejemplo, captar fondos sin más y hacerlo creando simultáneamente una red estable de conocimiento, difusión y apoyo. Para esto último entre otras cosas sirve la “gamificación” de proyectos y metodologías.

La “gamificación” fomenta la creatividad, un recurso imprescindible para la innovación, la localización de recursos y la resolución de problemas. Esta es una de las razones por las que las empresas y organizaciones sociales deberían contar con personas de perfiles creativos entre los miembros de sus patronatos y consejos de administración. Además, jugar potencia el espíritu de aventura, el análisis crítico, el diseño de estrategias y la toma de decisiones. Para jugar es necesario participar, siendo la experiencia de la participación una de las formas más eficientes de analizar y valorar las situaciones.

No hay duda de que las experiencias en primera persona son las que mejor se recuerdan y por eso, la gamificación bien utilizada es un medio ideal para la sensibilización, colaboración y la fidelización. El juego es un vehículo de aprendizaje, conocimiento y una aventura por el descubrimiento.

Así pues, uno de los aspectos más interesantes de la incorporación del juego a las metodologías de las organizaciones viene dada por su capacidad de innovación, de sorpresa, de mostrar nuevos caminos, de abrir paso a lo inesperado. La capacidad de sorpresa del ser humano es casi infinita, pero las causas que atiende el sector social a menudo están atadas a una realidad dura y aplastante de la que resulta difícil zafarse. Por tanto, trabajar con lo inesperado y la sorpresa resulta especialmente recomendable cuando se trabaja con este tipo de causas.

Algunos ejemplos

La “gamificación” invita a la modificación de procesos dentro de organizaciones, para que los empleados y los beneficiarios generen valor social o económico, aunque fundamentalmente se está adoptando como técnica renovada en la captación de fondos por parte de las organizaciones del tercer sector. La capacidad del juego de proporcionar experiencias resulta muy interante para las organizaciones que quieren ir más allá de la mera captación de fondos.

De entre los pocos ejemplos existentes, uno de los más comentados ha sido la iniciativa School Land, impulsada a finales de 2011 por Unicef con la colaboración de ING Direct. A modo de juego en Facebook, School Land invita a los participantes a que colaboren en la construcción de una escuela en Zambia.

Así, los participantes pueden donar ladrillos, bidones de agua o libros para la escuela y cuya contribución se hace tangible en la página del juego. Promover este juego dentro de una red social tan masiva como Facebook constituye un acierto estratégico importante para la microdonación.

En esta línea, existen ejemplos de otros proyectos similiares que también han visibilizado de forma ejemplar la contribución de los colaboradores y su capacidad de cambiar las cosas, como lo fue el proyecto de crowdfunding (Vid. Dinero sin ánimo de lucro. Crowdfunding para monetizar el poder social) que Greenpeace lanzó a principios de 2011 para la construcción del Rainbow Warrior III.

Mucho más novedoso, por su dimensión colectiva y ajena al objetivo de la captación de fondos, es el proyecto impulsado por la Sociedad Española de Cardiología, denominado: La liga de los casos clínicos. Esta plataforma on-line promueve la generación de contenidos sobre práctica clínica a través de la competición lúdica entre profesionales, ya sea de forma individual o por equipos (hospitales).

Los participantes en el concurso acumulan puntos en la búsqueda del mejor caso clínico a través de un juego que en realidad toma como base la fórmula del tradicional call for papers pero relatado de una forma distinta que procura ser más lúdica y atractiva. La competición consiste en la publicación periódica en la web de diferentes casos clínicos de cardiología, en formato texto y multimedia, que llevan asociado un cuestionario con preguntas tipo test. Los participantes obtienen la puntuación a través de las respuestas marcadas en dicho formulario, con premios que se traducen en becas para la asistencia a congresos profesionales.

Sin duda, se trata de una eficiente fórmula para incentivar la participación, pues combina el reconocimiento profesional además de beneficios con máximo interés para el público objetivo al que se dirige la actividad.

En el entorno anglosajón, lo recreativo es un aspecto muy valorado en la gestión de organizaciones sin ánimo de lucro, no tanto así en la Europa continental, donde “lo serio” parece perder fuerza si se acompaña de una imagen relajada y de entretenimiento. Tal vez sea por eso por lo que en ese entorno se pueden encontrar muchos más casos de gamificación de causas sociales.

Un ejemplo es Grantoo, una plataforma social de juego que promueve la concesión de becas para colegios, familiares o los propios participantes. Con la colaboración de la plataforma on-line de música Grooveshark, Grantoo promueve un torneo on-line en el que los estudiantes compiten por becas de matrícula y realizan donaciones a tiempo real para organizaciones sociales. Al igual que en el caso de School Land, Grantoo es un proyecto hecho en colaboración con una empresa comercial.

Este tipo de alianzas tal vez sean una afortunada fórmula para conciliar los objetivos de las organizaciones sociales con los programas de responsabilidad social de las empresas. Incluso se da el caso de muchas plataformas de juego on-line, como la importantísima Zynga, que ante determinadas causas como el terremoto de Haití, ha desarrollado productos y servicios específicos para esta causa que introdujeron entre sus millones de jugadores.

Parece claro que Internet multiplica exponencialmente las posibilidades del juego como fórmula de afiliación y pertenencia a un grupo y a unos valores. Las organizaciones sociales, por su poder de inspiración universal, deben aprovechar los beneficios de esta fórmula de marketing, colaboración entre organizaciones y entretenimiento social. A fin de cuentas, es un juego en el que nunca se pierde.

Publicado originalmente en: Compromiso Empresarial, ene-feb, 2013.


Lo 2.0 y el traje nuevo del emperador

La web social proporciona indudables oportunidades y beneficios, entre los que destaca potenciar el contacto y la comunicación entre las personas. Resulta lógico que esta característica dote a las redes sociales de un particular atractivo en las sociedades mediterráneas, tradicionalmente cimentadas en la socialización. Así pues, no es de extrañar que España sea el quinto país del mundo en penetración de estas redes, tal como concluye el estudio Global Digital Communication: Texting, Social Networking Popular Worldwide, realizado en 2011 por la organización norteamericana de análisis de tendencias, Pew Research Center.

A la vista está que España ha entrado en los entornos 2.0 con verdadera fruición, aunque esto no sucediera hasta que las principales plataformas fueron traducidas al español y la calidad y los precios de las conexiones a internet mejoraron notablemente. En cualquier caso, es ya un hecho que los españoles son usuarios experimentados de las redes sociales. Ahora lo que se impone es un análisis sobre la forma en la que las están utilizando.

El valor del cara a cara

En el artículo titulado “The Offline Executive”, los profesores Henry Mintzberg y Peter Todd argumentan que por mucho rango de alcance que proporcionen correos electrónicos, BlackBerrys, iPhones, Androids, iPads y similares; estos medios de comunicación jamás podrán sustituir a la interacción humana, en sus sutilezas, sus particularidades en cuanto a tonos de voz, sus gestos y su consecuente capacidad para generar confianza, compartir visiones y mejorar las comunidades. El riesgo que acarrea el uso exclusivo de dichas tecnologías para relacionarse entre las personas es -explican los autores- sustituir la profundidad en las relaciones por la mera amplitud. En otras palabras: aunque el número de conexiones crece, el de las relaciones humanas disminuye.

Podría pensarse que modelos comunicativos diseñados “en y para” anglosajones, deberían encajar con dificultad en otro tipo de sociedades como la española, en las que el encuentro físico entre las personas todavía tiene un papel destacado. Por ello, se puede prever que la rápida penetración de las redes en España esté produciendo un importante cambio en sus relaciones sociales.

Las redes han contribuido a una veloz homogeneización de los hábitos sociales a escala global, por lo que las punzantes intervenciones del artista Jay Shells realizadas en verano de 2011 en la ciudad de Nueva York, encajarían perfectamente en las urbes españolas. Shells instaló una serie de señales -fingidamente oficiales- en las que se leía el texto: Pay Attention While WalkingYour Facebook Status Update can wait(Preste atención mientras camina. La actualización de su estado en Facebook puede esperar) con la que llamaba la atención sobre el ensimismamiento frente a lo presencial que está causando una particular y obsesiva forma de utilizar las redes sociales.

Dicen que España es un país de extremos, por lo que no resulta extraño que tras el inicial retraso en el acceso a las redes sociales, ahora lo habitual sea no salir de ellas. Pero este “estar permanentemente conectado” comporta riesgos que es necesario considerar. Uno de ellos, es tener la falsa impresión de que “participar” en las redes es estar haciendo “algo”, es estar realizando un cambio social fáctico, cuando en muchos casos esta acción se limita a meramente comentar o suscribir ideas. Es en esta distorsionada sensación en la que se basan numerosas empresas de “Activismo 2.0” (véase “Activismo 2.0 y empoderamiento ciudadano en red (I)”). Sin embargo, no es lo mismo “decir” que “hacer”, tal como argumenta en el artículo “Los nuevos indignados” Carlos París, filósofo y presidente del Ateneo de Madrid: “…no basta con la protesta por más masiva que esta sea. Hay que organizarse y pasar a la acción”.

En este sentido, recientes fenómenos sociales nacidos al abrigo de las redes sociales -tales como el 15M- muestran importantes incoherencias, tal como Ricard Valls señala en su artículo, “Sociedad civil, indignados, ofendidos y humillados”:

La movilización on line, no se corresponde con la movilización en las plazas.La capacidad de movilizar del 15 M ha sido enorme (…) Pero nos hemos encontrado con un sistema asambleario en las plazas en las que tomaba decisiones una minoría ocupante, cuyas decisiones se han alejado progresivamente de aquellos miles y diversos que los apoyaron en twitter y en internet, mayoría virtual no siempre al corriente de la evolución de los hechos en las plazas.

Esta fractura todavía no resuelta entre lo online y lo offline es una de las razones por las que el llamado “Activismo 2.0” no termina de encontrar su lugar entre muchas organizaciones de acción social.

Medios ¿a medias?

Jaron Lernier, pionero de las tecnologías en red, ha incomodado a no pocos tecnófilos de lo 2.0 con su libro Contra el rebaño digital. Un manifiesto (Debate, 2011), que en su versión original presenta el sugerente título:You are not a gadget. A manifesto. En esta obra Lernier denuncia la actual exaltación de lo tecnológico que se impone de forma antinatural sobre lo humano y que muy gráficamente ha denominado “maoísmo digital”. El autor señala lo evidente: que internet se está volviendo un entorno aburrido y desinformado.

Lo que Lernier propone en este manifiesto no es atacar a la tecnología, sino utilizarla de forma equilibrada y pertinente, proponiendo a los usuarios de internet que disminuyan la velocidad de sus interacciones y que generen contenidos profundos, en lugar de simplemente llamativos. En capítulos con títulos tan atractivos como “An apocalypse of self-abdication” (Un apocalipsis de abdicación sobre uno mismo) o “Digital creativity eludes flat places” (La creatividad digital elude los lugares planos”), Lernier critica la forma en la que en internet se ha impuesto la abundancia frente a la calidad de los contenidos. A ello se suma la contraproducente manera en la que la tecnología se está imponiendo a las personas en la actual huída hacia adelante que protagonizan sus usuarios.

Lejos de ser esta una idea novedosa, desde hace muchos años autores como Nicholas Carr han venido alertando sobre los peligros de internet como forma única de conocimiento. Sus numerosos artículos críticos ante el tan parafraseado “wisdom of crowds” de James Surowiecki, ponen en cuestión la confianza radical en los contenidos generados por los usuarios y -como en el caso del celebérrimo artículo “Is Google Making Us Stupid? What the Internet is doing to our brains” (“¿Está Google volviéndonos estúpidos? Lo que Internet está haciendo a nuestros cerebros”)- han causado mucha polémica en pleno crecimiento de los entornos 2.0. Su último libro, The Shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains, es continuador de tales argumentos y ha sido finalista en la categoría de no-ficción de los premios Pulitzer 2011.

Las redes sociales fomentan la rapidez en la interacción y la capacidad de síntesis. Pero mientras potencian la actitud reactiva de los usuarios, hacen que la introspectiva pase a un segundo plano, aplastada por el incesante flujo de información e interacciones. Por eso, muchas de las redes sociales desdibujan la importancia de la reflexión, la argumentación matizada y la capacidad de escucha.

El uso acrítico y radical de las redes sociales como vía única de acceso al conocimiento muestra el peligro de “tomar la parte por el todo”. Su rapidez en el uso y lo restringido de su extensión lingüística (140 caracteres en el caso de Twitter) incitan a prácticas poco reflexivas y demasiado superficiales por parte de los usuarios. Explicar, analizar, argumentar y debatir con matices, requiere tiempo y extensión. Lo contrario: restringe, homogeiniza el discurso y conduce a la acción por la mera acción. El pensamiento único y el totalitarismo son pues peligros latentes si no se acompaña la opción “me gusta” con plataformas y servicios con mayores posibilidades para los usuarios. La cultura es uno de los entornos más frágiles y perjudicados en este contexto.

El riesgo ahora es ir, del entusiasmo, al catastrofismo. No ha de extrañar que en los próximos tiempos vuelva el miedo al “monstruo tecnológico,” una constante en la humanidad al que remiten las conclusiones de textos de absoluta referencia como, La galaxia de Gutemberg, de Marshall McLuhan o La galaxia internet, del español Manuel Castells. La técnica ha desarraigado a los seres humanos, explicaba Martin Heidegger. Sin embargo, no hemos de renunciar a ella, sino aprender a utilizarla.

Cuatro recomendaciones para utilizar las herramientas 2.0 de manera satisfactoria

  1. Sea pertinente. No todas las herramientas y entornos sociales sirven para lo mismo. Así pues, evite explicar los detalles de una tesis doctoral en Twitter, o publicar noticias de última hora en Slideshare. Explore las características básicas de cada plataforma, las expectativas y costumbres de sus usuarios y utilícelas según cada caso. Así se asegurará un uso eficiente, ahorrará mucho tiempo y evitará la frustración típica de muchos usuarios inexpertos que culpan a las redes de sus propias carencias.
  1. Seleccione los contenidos y las fuentes. Una de las grandes ventajas de la web social es la posibilidad de recibir y compartir información de forma selectiva. Así pues, es posible elegir qué fuentes de información interesan y suscribirse a ellas, de manera que pueda optimizar su tiempo al leerñas. Si le produce ansiedad saber que no puede leerse todo lo que hay, sepa que eso ya les pasaba antes a los usuarios de las bibliotecas, así que lo que debería hacer es aprender a priorizar sus intereses.
  1. Defina y defienda su voluntad. No confunda el medio con el fin. Usted debería utilizar las redes sociales y no ellas a usted (por mucho que así lo intenten las empresas que las promueven). Si no quiere que sus datos personales aparezcan en ellas, no los de. Si no quiere que sus acciones sean notificadas, no las comparta. Si no quiere que “le roben” todo su tiempo libre, apague su ordenador y su móvil o, mejor todavía, no lo haga, pero distinga lo importante de lo superfluo y tome decisiones al respecto. La web social le da la oportunidad de escoger, así que hágalo sin trasladar esa responsabilidad a los demás o culpabilizar a terceros.
  1. Desconfíe de los que defienden que leer libros es mejor que “estar” en internet. Tanto los libros, como las páginas web, las escriben personas, por tanto sus contenidos al final presentan los mismos atractivos y garantías, así como los medios en los que se difunden (¿o es que pensaba que empresas como Facebook o Google no actúan de acuerdo a sus intereses comerciales?) Si considera que quienes están en internet no viven en la realidad, pruebe entonces con los efectos de leer un libro y verá que es también un poderosísimo vehículo de evasión. Este es el poder de los contenidos culturales. Lo que de verdad es importante es que sean contenidos de calidad, independientemente de sus formatos.

Publicado originalmente en: Compromiso Empresarial, nov-dic, 2012.


Vídeo de “Conversación y cultura se escriben con hashtag”

Dicen que nunca es tarde, si la dicha es buena. Gracias a la Universidad Internacional de Andalucía y al Museo Picasso de Málaga por saber unir sus fuerzas y colaborar conjuntamente en la celebración de las Jornadas #RRSSmuseos. Fue un tiempo estupendo con magníficos profesionales, entre los ponentes y los asistentes. Me encantará conocer tu opinión, especialmente sobre mi propuesta de evaluación de redes sociales, que he llamado #modelofabric (a partir del minuto 51)

Es una pena que en la edición del vídeo se haya obviado la parte previa Edupunk en la que los asistentes a la conferencia se identificaban antes de entrar en la sala: con una “@” los que tenían un nombre que comenzaba con vocal y con “#” los que comenzaban con consonante. Así, las “@” representaban a los usuarios de internet que como tal poseen una identidad reconocida, mientras que los “#” representaban a las personas con discapacidad, que necesitan de un contexto colaborativo para poder participar. Por eso, las “@” podían intervenir con preguntas y cuestiones mientras que los “#” tuvieron que pasar por la experiencia de no poder intervenir.

Confío en que os guste la conferencia y que no se note mucho que andaba con una buena gripe ;) Añado la presentación en la parte inferior del vídeo, para quienes la queráis seguir de forma simultánea.

Presentación


Dadme calderilla y moveré el mundo. Microcréditos online para una macroeconomía corresponsable

La vertiginosa progresión mundial de la última crisis financiera ha puesto de relieve la urgente necesidad de encontrar soluciones sostenibles planteadas con una perspectiva también global. Tal como las organizaciones del tercer sector han venido denunciando durante años, las relaciones de explotación y desigualdad son insostenibles a medio y largo plazo. Una vez llegados a ese término, ya no se puede seguir mirando hacia otro lado ante los problemas de los demás.

Resulta paradójico que en la actualidad -cuando más posible está siendo el diálogo y la colaboración gracias a las herramientas online- sea la época en la que los gobiernos estén mostrándose más dependientes de las circunstancias de un mercado financiero controlado por unos pocos. Visto lo sucedido en países como Grecia o Italia, donde sus gobiernos democráticos han sido fulminantemente sustituidos por la maquinaria del sistema financiero; en los tiempos que corren resulta difícil creer que el dinero esté al servicio de las personas y no viceversa. Sin embargo, comienzan a consolidarse modelos alternativos de financiación, más solidarios, globales y enfocados a las personas, que aprovechan las oportunidades de Internet para sortear las parciales imposiciones de los intermediarios políticos y económicos. Tal es el caso del llamado Peer to Peer Lending (Préstamo entre pares) o Social Lending (Préstamo social)

El Préstamo social es un tipo de crédito que permite a donantes individuales realizar préstamos reducidos a emprendedores de países en vías de desarrollo y pequeñas empresas. A diferencia del crowdfunding, sí es una actividad susceptible de tener ánimo de lucro por lo que conviene conocer algunos pormenores de en qué términos se gestiona este dinero.

Kiva, la pionera de los microcréditos online

Kiva (www.kiva.org), que en Suahili significa “acuerdo” y “unidad”, es la plataforma de microcréditos en Internet más conocida y completa. Surgió en 2005 en Estados Unidos después de que sus fundadores Matthew Flannery y Jessica Jackley tomaran conciencia del crucial impacto que los microcréditos estaban teniendo entre las pequeñas comunidades de emprendedores de Uganda y Tanzania (Ver. Compromiso Empresarial, septiembre-octubre, 2010)

Esta organización sin ánimo de lucro cuenta con una trayectoria profundamente inspiradora. Desde los 3.500$ de financiación total conseguidos hace siete años para el primer grupo de emprendedores, Kiva ha progresado hasta alcanzar más de 291 millones de dólares en préstamos concedidos a más de 740 mil diferentes emprendedores y proporcionados por unos 700 mil usuarios.

Kiva destaca por su fluida usabilidad que se ve apoyada por un lenguaje enormemente didáctico y altas dosis de transparencia, imprescindibles en una iniciativa como ésta basada en la buena fe y la confianza entre pares. Resulta lógico pues que Kiva comparta sus estados financieros (http://www.kiva.org/about/finances) además de información sobre sus políticas de gestión, criterios y sistemas de gobierno.

Este sistema de microcréditos se basa en aportaciones mínimas de 25$ por parte de los prestamistas, quienes podrán encontrar en Kiva información detallada sobre los proyectos, tanto los que necesitan fondos como de los que ya los han obtenido. Los prestamistas, una vez hayan seleccionado el proyecto a financiar, pueden ponerse en contacto con los Field Partners (Socios en el terreno) (http://www.kiva.org/partners) vinculados al área, que son una serie de organizaciones financieras de microcréditos distribuidas por diferentes lugares del planeta y quienes se encargarán de gestionar los préstamos a los emprendedores.

Los Socios en el terreno son agentes clave para el éxito de Kiva porque son quienes finalmente asumen la responsabilidad de: seleccionar a los prestatarios, reunir sus fondos, publicar sus peticiones de préstamo en Kiva, realizar los desembolsos a los prestamistas, así como la recaudación de los pagos. Por su parte, Kiva no establece ninguna relación contractual entre los prestatarios y los prestamistas, sino que deja a los Socios en el terreno este papel para que además desempeñen una cardinal labor de administración y supervisión in situ, atendiendo desde la proximidad a proyectos y emprendedores. Su papel decisivo en el buen desarrollo de los fines de Kiva hace que su elección sea un pilar estratégico que ha de llevarse a cabo con las máximas garantías.

Los criterios para seleccionar a los Socios en el terreno son según Kiva, la calidad y la excelencia en una misión profundamente ligada a lo social. Así, se escoge a organizaciones que destacan en: protección de los clientes; garantías en la orientación y alcance de los servicios a los más desfavorecidos; productos específicamente diseñados para las necesidades de los destinatarios; medición de resultados en la vida de los clientes prestatarios y ahorradores; y oferta por añadidura a los servicios de préstamo de servicios de ahorro, formación en educación financiera y programas de empoderamiento.

En la actualidad Kiva cuenta con 147 Socios en el terreno distribuidos entre 61 países distintos, los cuales se presentan clasificados en función de su “social performance” (desempeño social) que mide los beneficios generados para las comunidades a las que sirven. Los Socios cobran intereses por sus préstamos a los promotores de los proyectos en un porcentaje a criterio de cada entidad de microcrédito. Compartir este dato es requisito imprescindible para obtener la condición de Socios en el terreno y se puede consultar en las fichas informativas disponibles en la plataforma. Por otra parte, Kiva asegura que no cobra intereses a los prestamistas y que nunca se asociará con entidades que cobren intereses desorbitados.

El paisaje de la calderilla

Piggy BankPese a que Kiva sea la organización de microcréditos online más destacable, son varias las que actualmente ofrecen sus servicios en Internet. Tal es el caso de Microplace (www.microplace.com), filial de eBay lamentablemente limitada a inversores de Estados Unidos, que a diferencia de Kiva cobra una tarifa de un 1% del total recaudado a los prestamistas. Por la parte europea, la francesa Veecus (www.veecus.com) ofrece microfinanciación no sólo a “países del sur”, sino que amplía sus servicios a proyectos también radicados en Francia. Sin embargo, la información sobre su actividad resulta insuficiente, así como algunos de los argumentos empleados sobre sus supuestas bondades. Que el beneficio dado a los prestamistas se limite a proveer de organizaciones de microcrédito con un interés menor que el habitual en los bancos, es un argumento tremendamente pobre frente a los beneficios en lo referente a proximidad, formación, supervisión y fortalecimiento del tejido social proporcionados por los Socios en el terreno de Kiva.

Pero al margen de las características particulares de cada plataforma, cabe preguntarse por el impacto de estas iniciativas en la captación de fondos realizada por las organizaciones sociales. Parece lógico que iniciativas como Kiva le estén restando a las organizaciones cierta capacidad de captación fondos. Los donantes, en lugar de dar a las organizaciones para que estas implementen sus programas, perciben un impacto más eficiente de su dinero si, una vez recuperado, además pueden seguir reinvirtiéndolo en nuevos proyectos. Con ello no sólo ayudan a más personas sino que además lo hacen sin tener que minar su bolsillo de manera indefinida. Desde este punto de vista las plataformas de microcréditos online se presentan como una fórmula ideal para superar la ya tipificada como donor fatigue (fatiga del donante).

Ahora más que nunca, la transparencia y la calidad de la comunicación en la rendición de cuentas juegan un papel determinante a la hora de que los usuarios tomen la decisión de cómo realizar su inversión social. Es un momento crucial para que las organizaciones del tercer sector se planteen una revisión integral de su comunicación para ligarla a tiempo real a los más altos estándares de rendición de cuentas. Además, cuentan con una magnífica oportunidad para también revisar su función social e ir más allá de la de meros canalizadores de donaciones. Es tiempo de que las organizaciones sociales se concentren en su contribución estratégica a escala glocal, puesto que pese a la bondad de las acciones individuales de los donantes, estas nunca podrán sustituir la visión estratégica y analítica que aportan las organizaciones.

Originalmente publicado en: Compromiso Empresarial. Marzo-abril, 2012


Activismo 2.0 y empoderamiento ciudadano en red (II)

Artículo continuación del anterior: “Activismo 2.0 y empoderamiento ciudadano en red: De la reunión online a las comunidades de changemakers (I)”

Gobernando en modo 2.0

Bienvenida sea la crisis económica si gracias a ella las sociedades democráticas asumen actitudes más participativas y conscientes de su condición, precisamente, democrática. Los recientes acontecimientos de reivindicación social como el 15M, la Primavera Árabe o la ocupación de Wall Street lo han puesto de relieve: los ciudadanos no queremos renunciar a nuestro papel como supervisores de la gestión de los gobiernos porque -en una democracia- el verdadero gobierno lo son los ciudadanos. El voto significa cada vez menos una acción aislada que sucede cada cuatro años y cada vez más un ejercicio de confianza previo a una actividad que será supervisada, en directo, y con derecho permanente a réplica por parte de la ciudadanía. Sólo hay que recordar que en España una de las mejores formas de pulsar el debate colectivo de la campaña a las Elecciones Generales 2011 fue siguiendo su flujo de hashtags en Twitter.

El concepto de gobernanza pública está cambiando impulsado por la tecnología y muestra de ello son iniciativas como Personal Democracy Forum. Su slogan “Technology is changing politics” (la tecnología está cambiando la política) resume de forma muy eficiente los recientes cambios sociales. Es más, el nivel de supervisión  de los sistemas de gobierno por parte de la ciudadanía está llegando a tal extremo que en abril de 2011 la compañía Apple lanzó Philly Watchdog, una aplicación para móviles con la que los ciudadanos de Filadelfia puedan informar sobre cualquier posible comportamiento fraudulento de políticos y/o funcionarios. Un sistema que por otra parte acarrea importantes riesgos y desigualdades en el que una organización neutral e intermediaria debería intervenir.

Queremos saber

Vista la tendencia actual a los modelos de gobernanza abierta, parece inevitable que las administraciones públicas tengan adaptar sus sistemas de gestión para incorporar de forma sistémica la participación equitativa, activa, permanente y vinculante de los ciudadanos. El primer paso para lograrlo ha de darse adoptando los modelos abiertos propugnados por el movimiento Open Government.

Los principios del Open Government defienden que la información ha de ser: completa, primaria, oportuna, procesable informáticamente, no discriminatoria, no propietaria y de licencia libre. Pero en un país como el nuestro en el que ni la propia Administración Pública acata las leyes económicas cuyo cumplimiento sin embargo debe supervisar (muchos de sus organismos ni si quiera auditan sus cuentas), poco es de lo que hay que presumir y mucho lo que mejorar. Es lógico que en los últimos años esten surgiendo numerosas e importantes iniciativas ciudadanas que persiguen transparencia, buen gobierno y el cumplimiento de la ley por parte de una Administración Pública, con la pretensión de que esta trabaje para el procomún de manera sostenida.

Una de las iniciativas más significativas es el movimiento internacional OpenData que persigue la liberación de datos por parte de las Administraciones públicas. Este movimiento ha tomado en España la forma Open Data España a cuyos objetivos se suman poryectos como Open Data Congreso y Opengov.es, un registro abierto paquetes de contenidos y de datos en forma de página web que facilita “buscar, compartir y reutilizar contenido y datos, especialmente de manera automatizada”.

En España tenemos el dudoso honor de ser el único país de Europa con más de un millón habitantes que no cuenta con una ley de acceso a la información. Para paliar esta situación están surgiendo numerosas iniciativas ciudadanas que en su mayoría forman parte de la Coalición Pro Acceso, una plataforma de la sociedad civil que exige la adopción e implementación de una “Ley de Transparencia y Acceso a la Información”. Apoyando esta reivindicación se encuentran organizaciones como Pro Bono Público, promoviendo la apertura de datos públicos y Transparency International España, dedicada a combatir la corrupción en los gobiernos.

La Coalición Pro Acceso incorpora no sólo a organizaciones sino también individuos, como el abogado Javier de la Cueva que actualmente impulsa Praeter Orwell, un proyecto que propone un marco sobre el que desarrollar aplicaciones de control del poder político por parte de los ciudadanos mediante la gestión de la información jurídica proveniente de las personas y de organismos públicos. Su principal objetivo es conseguir la interoperabilidad entre los proyectos de Opendata y Open Government mediante una estandarización de datos.

Continuando esta misma línea de reivindicación de acceso a la información pública para el empoderamiento ciudadano, en la actualidad se está gestando un interesante proyecto llamado Tu derecho a saber. Se trata de una plataforma web que permitirá denunciar los casos en los que las instituciones públicas nieguen el acceso a la información, además de facilitar la consulta ciudadana fácil. Este proyecto está respaldado por Access Info Europe -una ONG que tiene como misión promover el derecho de acceso a la información en Europa- e impulsado por David Cabo, dedicado desde hace más de dos años a proyectos relacionados con la transparencia y la participación tales como: ¿Dónde van mis impuestos?, #adoptaundiputado, AsktheEU.org o el Desafío Abredatos.

Alimentando el procomún

El cambio que la ciudadanía le está exigiendo a la Administración ya está mostrando sus primeros resultados. En España ya podemos presumir de que varias administraciones que se están preocupando por poner en marcha proyectos en esta línea. Así existen destacados ejemplos en las administraciones autonómicas, como: Open Data Euskadi del Gobierno Vasco, Datos Abiertos Gencat de la Generalidad Catalana, el Catálogo de Datos de Asturias promovido por el Principado, el Portal de datos abiertos de la Junta de Castilla la Mancha, Open Data Navarra, Datos abiertos CAIB del Gobierno de las Islas Baleares, y Reutiliz@ de la Junta de Extremadura.

A estas iniciativas se suman otras muchas impulsadas por administraciones locales así como desde la administración central. Cabe destacar el Proyecto Aporta para la reutilización de la información del sector público, en el que se enmarcará datos.gov.es, todavía a la espera de ser implantado.

Crowdsourcing para innovar en lo público

Proporcionar información relevante, suficiente y accesible es un primer paso imprescindible para conseguir una Administración abierta que integre sistemas 2.0 de participación online. Esto es algo mucho más complejo y radical que un mero “estar en las redes sociales” o que un soltar datos y “sírvase usted mismo”. Por eso, abrir un perfil en Youtube para por ejemplo dar a conocer a la Policía Nacional de España (y por qué no, hacer un poco de propaganda) es un objetivo muy pobre para un servicio público de tan gran trascendencia. Resulta inevitable preguntarse cuánto hubiera podido contribuir a la seguridad colectiva y a la eficiencia de este servicio público de seguridad, el más de un millón de visitas al canal de YouTube de Policía Nacional que de esta manera se han limitado a ver y comentar unos cuantos detalles dramatizados de relevancia pública muy cuestionable.

Lejos de los habituales e ineficaces modelos de gobernanza colectiva que oscilan entre lo autoritario o lo asambleario, lo que las administraciones deben hacer es implantar sistemas accesibles, transparentes y flexibles que incluyan mecanismos estables de supervisión, participación y corresponsabilidad ciudadana distribuida. Internet y los entornos 2.0 de participación colectiva constituyen un aliado fundamental para este propósito. Esto asegurará un sistema eficiente, permanente innovador por su amplio capital humano, sostenible, equilibrado y decididamente neutral; característica esta última que constituye uno de los garantes fundamentales de la Administración Pública frente a intereses y presiones partidistas y/o con ánimo de lucro. Pero es necesario que exista una voluntad verdadera po de compartir lo públicor parte de la Administración, así como una conciencia colectiva de que lo público se construye, se mantiene y se mejora con la necesaria colaboración de todos.

Publicado originalmente en Compromiso Empresarial, noviembre-diciembre, 2011.


Motivación para la participación

En numerosas ocasiones desde las organizaciones culturales culpamos a los usuarios por su escasa participación en los servicios culturales online. Sin embargo, muchos de los proyectos “institucionales” de participación colectiva se plantean de manera soberbia, instrumental o paternalista. Esto provoca que los usuarios se sientan juzgados, utilizados o ignorados y dirijan su interés y energía a entornos más amables en los que sí se puedan sentir parte significante de un proyecto y de su comunidad. Verdaderamente no hay nada como una buena motivación (creativa, humilde, divertida y de fácil comprensión) para que los usuarios sientan que pueden participar y aprender de forma amena, positiva y colaborativa. Las empresas ya se han dado cuenta de esto y desde hace mucho están proponiendo un tipo de marketing basado en las experiencias.

Quienes trabajamos en proyectos culturales hemos de tomar buena nota de esta tendencia centrada en la experiencia como principal elemento de reclamo y vinculación emocional. Por eso, estoy convencida que cualquier museo arrasaría con un proyecto similar a Contréxperience, promovido por una famosa marca francesa de agua mineral. Yo lo proyecté en una reciente intervención en el seminario “Redes sociales y museos. Reputación y credibilidad en la red” y puedo asegurar que causó sensación entre una audiencia plenamente cultural.

El vídeo es un ejemplo de trabajo colaborativo, divertido y con una metodología casi sin curva de aprendizaje. La experiencia colectiva, intensa y sencilla integra rápidamente a personas diversas que se unen temporalmente por un fin común. Está dirigido por Xavier Mairesse para la agencia de publicidad Marcel Paris y la música corre a cargo de Ultraviolet Music en colaboración con Schmooze London. La canción lleva por título “Comment Te Dire Adieu” y fue escrita por Serge Gainsborough en los años 60 e interpretada por la cantante francesa Françoise Hardy.


Activismo 2.0 y empoderamiento ciudadano en red (I)

War Is Over - Lenon & Yoko

De la reunión on-line, a las comunidades de changemakers

Uno de los aspectos positivos derivados de la crisis económica es la disposición general al cambio: los sistemas se cuestionan y las posturas se flexibilizan (qué remedio), aunque esto haya tenido que ocurrir tarde y por las malas. Las circunstancias están obligando a los ciudadanos a tomar la iniciativa impulsando cambios que contribuyan a una sociedad más equilibrada y sostenible, mientras que los tradicionales poderes políticos-económicos se desdibujan debido al impulso de las recientes movilizaciones ciudadanas. Desde la “Primavera árabe” al 15M, la actual corriente de empoderamiento social que en su día liderara el tercer sector apuesta por estructuras organizacionales más abiertas, transparentes y colaborativas.

Esta toma de conciencia y poder frente a los tradicionales modelos de gobierno de las democracias occidentales se ha visto favorecida por el acceso de los ciudadanos a las herramientas 2.0. Como consecuencia de esta tendencia hacia el empoderamiento social han surgido numerosas plataformas de activismo 2.0 y crowdsourcing como: Change.org, Avaaz,  Care2, OpenIdeo o Kune; además de redes sociales específicamente dirigidas a las causas sociales como es el caso de Jumo, fundada en febrero de 2010 por Chris Hughes quien además de co-foundador de Facebook fue director de la organización online de la campaña presidencial de Barack Obama en 2008.

A imitación de anteriores proyectos, en el último año han surgido en España diversas plataformas on-line que facilitan la efectividad y visibilización de las iniciativas ciudadanas. Con precedentes memorables como Miaportación, una de las plataformas con mayor protagonismo reciente es Actuable que fue lanzada en España en octubre de 2010 como un Change.org en español y que tras su espectacular compilación de usuarios (680.000 registrados), recientemente ha sido adquirida precisamente con la plataforma Change sin que haya trascendido aún el montante de la operación. Indudablemente, el poder impulsor del 15M ha sido definitivo para su éxito comercial.

Bajo el epígrafe: “Inicia acciones, suma fuerzas, provoca cambio”, Actuable se ha presentado hasta ahora como una herramienta para el empoderamiento ciudadano que se define como “una comunidad de personas y organizaciones que unen fuerzas para luchar contra las injusticias”. Pero pese a la gran acogida de la plataforma debido entre otras razones a la empatía que provocan “las injusticias”, estas son ciertamente un concepto ambiguo, lleno de matices cualitativos y espinoso a la hora de evaluar la eficiencia social de una propuesta. Por ello se hace necesario indagar en la forma concreta en la que Actuable “provoca cambio”, conociendo los detalles de cómo se gestionan las peticiones, se mide el éxito y se produce y gestiona el retorno social.

Lamentablemente, y pese a lo bienintencionado de su misión, los indicadores mostrados en esta plataforma son únicamente cifras (número de personas que se suman a cada causa/petición), lo que hace sospechar que son los aspectos cuantitativos propios precisamente del marketing online tradicional (tráfico, número de clicks, número de usuarios, etc.) los que a esta plataforma le interesan. Sin embargo, prescindir de los aspectos cualitativos a la hora de erradicar la injusticia no sólo es una postura escasa en términos de estrategia en social media, sino que además se encuentra muy poco vinculada a los valores y criterios de análisis adecuados a las causas sociales. Y es que una de las debilidades de esta plataforma es que reúne gente pero no crea comunidad, algo que a estas alturas ya es obligado en cualquier entorno social en internet. Los usuarios de Actuable crean su cuenta, votan y se van, sin ni siquiera recibir una respuesta en sus cuentas de correo sobre su “actuación”, sin conocer a otras personas u otras causas similares.

Reunir es fácil pero la sostenibilidad del cambio social pasa por la capacidad para unir (no sólo reunir) recursos, talento, fuerzas y sinergias. Ahora, Change.org absorbe Actuable para convertirse en la plataforma de activismo ciudadano más grande del mundo. Habrá que esperar a ver si además se convierte en la mejor.

Rogando ¿pero con el mazo dando?

Con similares objetivos a Actuable, otra de las plataformas on-line para la participación ciudadana que han florecido en los últimos meses en España es YouVote. Presentada como “una plataforma virtual donde la ciudadanía puede expresar su opinión y aunar voces a través de preguntas y campañas sociales sometidas a voto” YouVote es -al igual que Actuable y otras muchas plataformas similares- una empresa social. Esto quiere decir que posee un ánimo de lucro legítimamente compatible con unos objetivos de retorno social. Pero a diferencia de Actuable, YouVote sí entiende que debe explicar cómo se produce el retorno social que presumiblemente generará su empresa: “Después del primer año de funcionamiento, Youvote publicará en esta sección la cuantía del beneficio destinado a retorno social, así como las bases para acceder al mismo. Una vez Youvote genere beneficios y se apoyen proyectos, generaremos una sección para dar a conocer dichos proyectos en nuestra página.” De esta manera, los usuarios pueden ser conscientes de qué tipo de empresa son clientes subyacentes cada vez que apoyan a una de las causas sociales recogidas en esta plataforma. Apoyar una causa de una organización directamente en su web es muy distinto que hacerlo a través de estos entornos. Lejos de ser plataformas “neutrales”, estos entornos de activismo 2.0 añaden matices asociados a su forma de gestión, a sus sistemas de selección y evaluación así como a los valores que apoyan.

La condición social de este tipo de empresas les obliga a cumplir con los más altos estándares de transparencia, explicando en detalle su modelo de negocio así como su impacto social. Sin embargo, Actuable no muestra detalles sobre qué y cómo es lo que hace con las peticiones de los usuarios, aparte de darles cobijo y una estructura online. Así que pese a su nombre, aparentemente esta plataforma ha consistido más en decir (visibilizar) que en hacer, lo cual por otra parte no es nada nuevo respecto a lo que ya aportan las redes sociales generalistas y las herramientas 2.0 como blogs o wikis.

Sin embargo, no todo el mundo puede o quiere ser el portavoz de su causa y ahí es donde este tipo de empresas pueden ofrecer un valor diferencial a quienes quieren visibilizar sus proyectos, captar apoyos e incluso fondos. Las plataformas on-line de participación ciudadana pueden ser servicios muy atractivos para las ONGs porque además de dar difusión a sus causas, también pueden -como en el caso de Actuable- conseguir socios a un solo click que se les presentan seleccionados previamente con una altísima sensibilidad hacia sus causas. Es aquí precisamente donde radica el modelo de negocio de esta y similares plataformas: proporcionar servicios Premium y de consultoría a organizaciones promotoras de causas. Con una plataforma excelente en términos de usabilidad y un diseño de contenidos fantásticamente orientados al marketing, en Actuable las ONGs también pueden recaudar fondos de forma directa a través de pagos on-line. Sin duda, se trata de una oportunidad añadida a las tradicionales fórmulas de difusión, captación de socios y de fondos que las organizaciones sociales deberían considerar. Otra cuestión diferente es que un servicio de marketing enfocado a ONGs sea lo mismo que un changemaker o un entorno de empoderamiento social 2.0 como sí lo es sin embargo n-1.

Administración pública ¿en la nube?

Open GovernmentLa participación ciudadana en internet es una oportunidad para contar con los ciudadanos en las propuestas de soluciones, toma de decisiones y transparencia en la gestión pública, pero ¿cómo está reaccionando la Administración Pública ante este nuevo cambio de actitud de la ciudadanía? Lo hace lentamente (cómo no) y de manera desigual, ya que los cambios urgentes que debe afrontar son en realidad de un calibre mucho más básico y pasan por cumplir con los derechos constitucionales de los ciudadanos. La Administración primero ha de abrir sus datos y eliminar las barreras de acceso a la información, ya que no hay otro contexto posible para disfrutar de una ciudadanía madura, responsable y emprendedora.

La mezcla de paternalismo e ineficiencia con que habitualmente actúa la Administración Pública ha de evolucionar hacia estructuras más ágiles, contemporáneas y flexibles que incorporen las bases fundamentales del activismo 2.0. Pero ¿cómo se puede contar con los ciudadanos para que participen en una gestión pública compartida y responsable? Un excelente tema para un próximo artículo.

Publicado originalmente en: Compromiso Empresarial, septiembre-octubre, 2011.


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