Cinco recomendaciones básicas para ONGs en vías de desarrollo 2.0


No hay más que echar un vistazo a la actualidad informativa española para ser conscientes de la infinidad de reivindicaciones que han saltado a la calle y que parecen estar copando la “cuota solidaria” de los ciudadanos. Esta avalancha de causas ha venido acompañada y ayudada por la creación de numerosas plataformas de activismo social y crowdfunding en internet (Víd. “Activismo 2.0 y empoderamiento ciudadano en red (I)”, en Compromiso Empresarial, Sep-Oct 2011 y “Dinero sin ánimo de lucro. Crowdfunding para monetizar el poder social”, en Compromiso Empresarial, Jul-Ago 2011)

Muchos consideran que la visibilidad de las causas de las ONGs se ha visto perjudicada por este fenómeno, puesto que las posibilidades aumentadas que los entornos 2.0 ofrecen a las causas sociales están siendo neutralizadas por el inmenso “ruido” que ocasionan la infinidad de iniciativas ciudadanas que pueblan la red. ¿Qué pueden hacer las ONGs para, en este contexto informativo y con menos presupuesto que nunca, utilizar las redes sociales de la forma más eficaz posible? Este artículo ofrece a las organizaciones sociales una serie de pautas y recomendaciones para manejarse con cierto tino en los entornos 2.0.

1. Piense en qué quiere contar y por qué necesita de una red social para ello

Numerosas organizaciones han acudido a las redes sociales, más por inercia que por necesidad. “Hay que estar ahí” se decían, mientras mayoritariamente se limitaban a reproducir en ellas lo que ya estaban contando en su página web. Pese a lo habitual de esta práctica, constituye uno de los principales errores sobre comunicación 2.0. Ni siquiera la tan manida razón de “ganar visibilidad” repitiendo contenidos en distintas plataformas justifica usarlas como mero espejo de la página web.

Las redes sociales son entornos de intercambio (información, experiencias, opiniones, relaciones, etc.) La clave para decidirse a adentrarse en su uso es averiguar qué es lo que cada organización quiere intercambiar y por qué desea articular una comunidad de usuarios en torno a esta necesidad. Pero si lo que la organización hace es limitarse a repetir los contenidos que ya está publicando en su página web, su estrategia fallará estrepitosamente. El motivo es doble.

Por una parte, los usuarios de redes sociales quieren experiencias interactivas y precisamente “sociales”, por eso esperan un comportamiento similar por parte de las organizaciones. Así pues, ser una organización que sólo informa y responde a interacciones sobre “su” contenido no reviste demasiado atractivo para los usuarios de las redes, ya que tienen las páginas web para acceder a contenidos estáticos y mucho más organizados.

Por otra parte, si se utilizan las redes sociales como réplica de la página web, los resultados que los buscadores mostrarán sobre organización serán una repetición de contenidos, eso sí, en distintas plataformas. Además de cacofónica, esto proporciona una imagen bastante tosca y contraproducente. De entrada, el usuario obtendrá la impresión de que la organización, lejos de ser permeable y dialogante, es una creadora de spam, además de parecerle vaga y poco interesante. En definitiva, pensará que es otra marca más de tantas otras difundiendo indiscriminadamente contenidos en internet. Sin embargo, si hay algo que las ONGs deben parecer es organizaciones con un elevadísimo ejercicio de la sensibilidad que, precisamente, tratan de sensibilizar a los ciudadanos.

Pero la realidad es que las organizaciones cada vez tienen menos fondos para sus acciones sobre el terreno, por lo que la comunicación se está relegando a un papel secundario. Esto está teniendo consecuencias desastrosas y condena a la invisibilidad a las ONGs y a sus causas. Entonces, ¿cómo estar en las redes sociales si no se dispone del tiempo y del dinero para poder gestionarlas y crear contenidos de forma personalizada? Muy fácil: eligiendo en cuáles se puede estar, si es que se necesita y verdaderamente se puede.

2. Averigüe qué red social es “la mejor”

Muchas organizaciones se hacen esta pregunta como si fuera posible elegir, por ejemplo, una cámara “que haga buenas fotos” o un profesor “que enseñe mucho”. La realidad es que no hay una red social buena o mala en sí misma, sino apropiada o no a los intereses de cada caso. Así pues, elegirla con acierto dependerá de, además de tener claro el punto anterior (número uno), conocer muy bien cuál es la naturaleza de la organización, campaña o actividad que justifique su uso y ajustarla al máximo con la red social más apropiada a su naturaleza y fines. Ya lo explicábamos hace unos meses: “Sea pertinente. No todas las herramientas y entornos sociales sirven para lo mismo. (…) Explore las características básicas de cada plataforma, las expectativas y costumbres de sus usuarios y utilícelas según cada caso. Así se asegurará un uso eficiente, ahorrará mucho tiempo y evitará la frustración típica de muchos usuarios inexpertos que culpan a las redes de sus propias carencias” (Víd.  “Lo 2.0 y el traje nuevo del emperador”, en Compromiso Empresarial, nov-dic, 2012)

De esto se deduce que es necesario conocer las características fundamentales de cada red social para determinar si son o no apropiadas para los objetivos de cada caso. En conclusión: infórmese y fórmese.

3. Elija quién o quiénes han de llevar la gestión de las redes sociales


Tras lo expuesto anteriormente se puede deducir que las personas que deben gestionar las redes sociales de las ONGs han tener muy claro qué es lo que la organización quiere intercambiar en las redes sociales y por qué desea articular una comunidad de usuarios en torno a esta necesidad. Así pues, se trata de personas que conocen muy bien la organización, su naturaleza, objetivos y estrategias. Por otra parte, han de ser personas informadas y formadas en el uso y características de estas redes.

Demasiado frecuentemente, la inseguridad de muchos directivos y mandos intermedios de ONGs frente a las redes sociales se esconde tras decisiones precipitadas y superficiales sobre el uso que las organizaciones le pueden dar a estos entornos. Por eso, una costumbre habitual suele ser recurrir al “becario” para la gestión de los medios 2.0 entendiendo que, por su rango de edad, es un tipo de usuario habitual de este tipo de entornos, a diferencia de quienes dirigen y coordinan las organizaciones. Sin embargo, se trata de una costumbre muy contraproducente, puesto que la comunicación de una ONG es una tarea muy delicada que no puede ser encomendada a una persona sin suficiente madurez y un conocimiento profundo de la organización.

Las organizaciones deben ser conscientes de que una de las características más delicadas en el uso de redes sociales es que se trata de herramientas de comunicación “en directo”. Esto exige de las personas que se encarguen de esta tarea, velocidad en la gestión de contenidos y capacidad de respuesta inmediata ante cualquier tipo de situación. Por ello, no es recomendable dejar a una persona que está de paso por la organización la responsabilidad de improvisar su comunicación en directo.

Las ONGs tienen una proyección social muy delicada y de mucha responsabilidad, por lo que es necesario que tanto los directivos como los profesionales de la comunicación de ONGs se formen y actualicen en estos entornos, incorporándolos como un conocimiento trasversal a los perfiles profesionales. Lo contrario sería tan anacrónico como que para escribir un correo electrónico fuera necesario encomendárselo a un informático por el hecho de que hay que utilizar un ordenador.

Un dilema habitual entre las organizaciones que han decidido participar en las redes sociales es si contratar un community-manager o no, o incluso externalizar este trabajo. Sin embargo, lo más eficiente es, sin duda, que los equipos de comunicación ya existentes reciban formación específica. Por si fuera poco, pensar que una única persona pueda llevar el peso de la comunicación en directo, a tiempo real con toda la comunidad de usuarios, es una aspiración excesiva y poco sostenible; por lo que la formación transversal de equipos es lo más recomendable. Las organizaciones han de formar a equipos de trabajo que sepan gestionar de forma colectiva y coordinada las redes sociales. Sólo así se podrá dar respuesta eficiente a las necesidades diversas, urgentes y numerosas que surjan de la comunidad de usuarios.

4. Planifique de forma conjunta la comunicación de su organización

La llegada de las redes sociales suele provocar un efecto inicial de fascinación en las organizaciones. Su capacidad para la interacción inmediata resulta extremadamente atractiva y esto conduce a concentrar el foco en detalles a la larga anecdóticos como número de “likes” de una entrada, en detrimento de la visión y los objetivos de conjunto. Sin embargo, el éxito instantáneo en internet es en muchos casos efímero e incluso circunstancial, por lo que se hace necesario que las ONGs estructuren de forma consciente y sus actuaciones 2.0.

Las redes sociales no resuelven la falta de planes de comunicación eficientes, con objetivos apropiados y diversificados en distintos medios, plataformas y acciones. Esto es siempre previo a cualquier posible Plan de Social Media. Tampoco es posible ser una organización “en red” de cara a los usuarios, si antes no se ha organizado internamente un sistema compartido de gestión del conocimiento y de las responsabilidades. Si una ONG no es capaz de comunicarse internamente de forma eficiente, lo peor que puede hacer es introducir en ese problema más elementos de distorsión: los usuarios. Antes de aventurarse en los procelosos vericuetos de los entornos 2.0, las organizaciones han de resolver sus problemas de comunicación interna y gestión de la información.

5. Determine como evaluar el impacto de su actuación en redes sociales

¿Cómo evalúan las ONGs el éxito sus iniciativas 2.0? ¿En qué se están basando? Probablemente inducidas por la inercia imperante de justificar las acciones en base a datos cuantitativos, muchas de ellas se limiten a contar fans, followers y contactos. A ello se suma una cierta incertidumbre a la hora de encontrar otro tipo de indicadores válidos que se adapten a los protocolos propios de las redes sociales. ¿Cómo se puede medir la conversación y el intercambio en redes sociales? ¿Cómo saber si se está actuando eficientemente y si está mereciendo la pena el esfuerzo? Todas ellas son preguntas de muy difícil respuesta, pero no por ello hay que eludirlas.

Los indicadores cuantitativos son sin duda un elemento a tener en cuenta para evaluar el impacto de las ONGs: personas atendidas, participantes en actividades, voluntarios, prescriptores, cifras de fondos recaudados, etc. Sin embargo, una de las grandes dificultades de las organizaciones sociales –que no es específica de su trabajo en entornos 2.0– es evaluar logros en aspectos cualitativos, que por lo general además se proyectan a medio y largo plazo.

En internet, no es lo mismo activar a un grupo de personas respecto a una acción concreta, que crear una comunidad de personas estable en torno a una misión. Esto último requiere mucho más esfuerzo y recursos, pero a la larga potenciará exponencialmente y de forma global todas las acciones y objetivos de la organización.

Para que una comunidad de usuarios funcione en internet es necesario que el grupo de personas que la componen se sienta vinculado a ella. Ese sentimiento de afiliación sólo se produce si se da una relación, no sólo de servicios, sino emocional y de experiencias compartidas. Invertir en los seres humanos requiere de tiempo, confianza y cariño; y esto lo saben, mejor que nadie, las organizaciones sociales. La pregunta que se impone es si se quiere (y se puede) invertir en la creación de una comunidad, en este caso de usuarios online. Si se considera que es necesario, conviene pues no dejarse vencer por la impaciencia y las presiones presupuestarias y confiar en que el retorno de acciones de calidad será calidad multiplicada, aunque a su debido tiempo.

Entretanto, una buena forma de evaluar este proceso de aspectos cualitativos a medio plazo es incorporar indicadores específicos de las redes sociales mayoritarias, que pongan de relieve otras cuestiones más allá de número de clicks y seguidores y ayuden a las organizaciones a evaluar el desarrollo de sus acciones. Con este fin, propongo una lista de indicadores cualitativos  y objetivos que se pueden cuantificar para medir el impacto de las acciones en internet, a la que he llamado “Modelo fabric en alusión al doble significado de “fabricación” y de “tejido” que han de articular los entornos 2.0 y hacia el cual considero que hay que centrar la evaluación: la creación y mantenimiento de contextos. De cada organización o acción concreta dependerá conceder más o menos valor a cada uno de estos indicadores.

@ identidad – La arroba en Twitter define la identidad de cada usuario. Sus denominaciones, iconos y descriptores de perfil asociados son elementos que proporcionan información cualitativa más allá del mero cómputo, sobre cómo son los usuarios. Asimismo, la mención en cada tuit a diversos usuarios es una prueba de la sociabilidad de la persona que gestiona un perfil.

# colaboración – El hashtag (#) en Twitter es un recurso que fue creado por los propios usuarios para articular conversaciones en torno a líneas temáticas y eventos. Cuanta más aparición de hashtags y de hashtags diferentes entre sí en el timeline de un usuario, más participación en conversaciones sociales y eventos demostrará. Esto también constituye una muestra de sociabilidad, colaboración y compromiso con contextos de relaciones ya establecidos.

RT reputación – Los retuits (RT) en Twitter son indicadores de la reputación de un usuario, pues muestra el grado de interés y reconocimiento que los contenidos generados y transmitidos por dicho usuario tienen entre la comunidad de usuarios. Identificar usuarios con muchos retuits servirá para identificar a líderes de opinión y de selección de contenidos.

✪ afiliación – Las estrellas de Twitter, blogs y los símbolos de pulgares arriba de Facebook muestran el nivel de adhesión de los usuarios ante los contenidos publicados por otros. Muestran afiliación hacia páginas, usuarios y contenidos y por tanto ayudan a identificar gustos y tendencias.

🙂 emoción – Los emoticonos son manifestaciones gráficas que bien por su brevedad, bien por su eficiencia comunicativa, son utilizados para expresar emociones, sentimientos y estados de humor. Este lenguaje no verbal es un recurso muy valioso para poder identificar elementos emocionales importantísimos para el establecimiento de relaciones e intercambio en las comunidades de usuarios.

http: contenido – Los enlaces a contenidos también se pueden cuantificar e indican de un determinado usuario que comparte contenidos. Las organizaciones han de valorar muchísimo a este tipo de usuarios que aportan contenidos, porque renuevan y activan el interés y la conversación.

Publicado originariamente en: Compromiso Empresarial, Jul-Ago, 2013.

Interesada en los contenidos y en las personas.

Posted in en Español, Nonprofits, Social Media

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