‘Advocacy Toolkits’ para defender, apoyar y promover el valor de la cultura

En un momento como el presente en el que la economía parece ser la única perspectiva posible, es necesario hablar de lo que hace que la cultura sea esencial en la vida de las personas, lo que hace que, sin cultura, el único futuro posible sea la barbarie.

¿Por qué ha de importar la cultura? Esta es la pregunta a la que urge dar respuesta en España, de forma explícita y contundente, y que otros países ya se han aventurado a abordar.

Durante los últimos años el Reino Unido se ha esforzado en encontrar argumentos que respondan a esta cuestión, como por ejemplo, la campaña de sensibilización Culture Matters promovida por el Arts Council England.

Y mientras que en la actualidad dicho país reflexiona sobre los resultados de 50 años de políticas culturales de cara a qué estrategia seguir para las futuras generaciones, España parece atrapada en una reiterativa réplica de eslóganes que, no por certeros, son incapaces de resolver los problemas de la cultura ni sensibilizar eficientemente sobre su importancia capital en la sociedad.

Frases como “la cultura no es un lujo” o “sin cultura no hay futuro ni dignidad”, se han podido leer entre las numerosas pancartas que en España se han manifestado en contra de la subida del “IVA cultural” o de los recortes presupuestarios en cultura. No obstante, tras el paso del tiempo poco parece haber quedado de todo aquello, excepto una inanición del sector profusamente diagnosticada y una sensación general de derrota y “sálvese quien pueda”. Pero a pesar de sus exiguos resultados, ¿qué se puede aprender de esta experiencia?

Acercar el valor de la cultura

España es un país en el que la protesta parece contar con más apoyo y predicamento que la transformación social efectiva, y en esto la cultura no se ha comportado de manera distinta.

Sin embargo, en países como el Reino Unido o Estados Unidos es habitual encontrar que las organizaciones culturales invierten importantes recursos en promover y practicar lo que en inglés se llama advocacy.

Advocacy, un término de difícil traducción en español en una única palabra, significa “el acto o proceso de escribir, hablar o actuar en favor o apoyo de una causa” y constituye el verdadero motor social de las organizaciones culturales de otros países.

¿Y las organizaciones españolas?, ¿qué labores específicas de apoyo, defensa y difusión de la cultura están desempeñando? Podría decirse que pocas o, cuando menos, poco útiles.

Cabe preguntarse por cuántos ciudadanos se han sentido interpelados por iniciativas tan bienintencionadas como poco efectivas, como Por el arte. Espacio de apoyo al arte contemporáneo español.

Este proyecto, impulsado por distintas asociaciones del sector de las artes visuales “gravemente preocupadas por el deterioro del contexto institucional y social para el arte actual” promovió en 2012 un Manifiesto por la cultura en España.

Su última actividad data de ese mismo año. Y es que, como señala David Marquez Martín de la Leona en El crepúsculo de los lobbies, “el modelo de las asociaciones profesionales como articuladoras e interlocutoras de los sectores de la cultura, parece estar viendo ciertos agotamientos y cuando menos, graves disfuncionalidades”

Otro ejemplo similar lo constituye la Plataforma en Defensa de la Cultura, que pareció haber fagocitado la iniciativa anterior y otras tantas similares y que ha gozado de una importante actividad durante los últimos meses.

También con un Manifiesto propio que data de 2014, este conglomerado de organizaciones celebró en marzo de 2015 un Congreso en defensa de la Cultura. Esta jornada de denuncia vino acertadamente precedida por una batería de debates de enfoque sectorial caracterizados, sin embargo, por una profusa yuxtaposición de monólogos que lamentablemente se limitaron a diagnosticar (una vez más) la mala situación del sector y a “predicar a los conversos”.

Por si fuera poco, este congreso coincidió en tiempo con otro de objetivos similares: la II Conferencia Estatal de la Cultura, promovida por la Federación Española de Asociaciones de Gestores Culturales (Feagc).

Este solapamiento entre iniciativas con similar espíritu ejemplifica la manifiesta falta de diálogo efectivo entre los distintos agentes de la cultura en España. La notoria atomización de los profesionales de la cultura mina, indudablemente, las escasas fuerzas de un sector productivo que, pese a ser muy potente, paradójicamente cuenta con insuficiente reconocimiento social y escaso sentimiento de afiliación por parte de los ciudadanos.

Pese a la sucesión de eventos de mera catarsis colectiva, es necesario señalar que la II Conferencia Estatal de la Cultura generó un importante recurso: el Pacto por la Cultura 2015.

Este documento destaca la importancia capital de la cultura -especialmente en un escenario de incertidumbre social, cultural, política y económica como el que España está experimentando en los últimos años- y propone medidas bien orientadas y relativamente concretas que, lógicamente, necesitan del compromiso de los demás para ser efectivas.

Pero este es precisamente uno de los mayores problemas que ha de afrontar la cultura en España: la falta de implicación por parte de sus grupos de interés (profesionales, ciudadanos, administración pública, empresas y organizaciones) (vid. Algunas preguntas sobre mercado, políticas, gobernanza y participación en la cultura). ¿Qué se puede hacer para que la cultura goce del apoyo general de la sociedad? ¿Qué se puede hacer para que el advocacy cultural se practique más y de forma más eficiente en España?

Proporcionando herramientas a los grupos de interés

A diferencia de España, en otros países las causas culturales están en manos de los ciudadanos, que sienten la cultura como suya. Son ellos y ellas quienes se encargan de defenderla, apoyarla y difundirla. Por eso, con este escenario (todavía en construcción en España) son muchas las organizaciones culturales de dichos países que diseñan y comparten instrumentos específicos de apoyo a sus causas, dirigidos y adaptados a los distintos grupos de interés.

Estos instrumentos tienen el nombre de Advocacy toolkits (“caja de herramientas de promoción”) y están diseñados para ayudar a los defensores de una causa a ejercer su labor de forma más eficiente.

Los Advocacy toolkits describen lo que la organización piensa sobre la forma en la que se ha de defender, apoyar y difundir su causa, a la vez que ayudan a los colaboradores de la organización y a otras instituciones a involucrarse más y mejor en el trabajo de promoción de la misma.

Con este fin incluyen herramientas y manuales que cimentan la capacidad de sus grupos de interés para promover su causa, además de evaluaciones con las que determinar la capacidad institucional para la ejercer estas labores de promoción.

También suelen contener manuales para el análisis y cartografiado de políticas, o directrices para la planificación de actividades de advocacy. La idea es que los materiales que se incluyan estén basados en datos, estén bien organizados y sean de fácil comprensión.

Un ejemplo significativo es el advocacy toolkit #culturematters elaborado por el Arts Council England y mencionado anteriormente. Esta “caja de herramientas” se ha diseñado para ayudar a llegar a los demás y “contarles el valor y el impacto de la inversión pública en las artes y la cultura, tanto desde una perspectiva local como nacional”.

En él se incluye un vídeo de tres minutos y medio en el que Sir Peter Bazalgette, presidente y patrono del Arts Council England, defiende que es importante contar por qué las artes y la cultura son beneficiosas y cómo contribuyen a la sociedad; y explica además cómo hay que hacerlo.

Sir Bazalgette anima a las organizaciones a construir su caso (su propio relato de cómo su trabajo contribuye de forma positiva a la sociedad) y a hacer que todos lo entiendan y actúen como embajadores del trabajo que desde la organización se hace.Recomienda que las organizaciones trabajen en la difusión y promoción de estos relatos allá donde realicen una actividad y también a que hagan lobby estableciendo relaciones con los políticos y líderes de opinión locales ya que es importante señalar que esta campaña se orienta a las elecciones generales del Reino Unido, que se celebrarán en mayo de 2015, y tras las cuales los presupuestos serán revisados.Desde el Arts Council entienden que es necesario que quienes vayan a ser responsables de los próximos presupuestos, han de afrontar esta tarea siendo plenamente conscientes del valor de la cultura y las artes en la sociedad británica y de que por eso han de invertir en ella.Además de un vídeo, se incluyen ejemplos inspiradores de cómo otros han demostrado el valor de su trabajo, además de un práctico manual de cuatro páginas que guía a cualquier persona en el trabajo de hacer promoción de la causa (la inversión pública en cultura).De entre los materiales incluidos en este toolkit, quizás el más destacado sea lo que se ha llamado Holistic Case, consistente un argumentario global con mensajes clave sobre “cómo pensar y describir los beneficios de la cultura y el arte -su valor cultural; cómo contribuye a una sociedad floreciente, a la educación y a la economía- y cómo estos beneficios son interdependientes”.Este argumentario se articula en torno a cuatro puntos: el valor cultural, la sociedad, la educación y la economía; y viene acompañado de una pequeña guía sobre cómo una organización puede elaborar su caso, para lo cual distingue entre tres posibles interlocutores destinatarios del caso: el público; los gobiernos locales y nacionales; y los medios de comunicación.

El Holistic Case se complementa por el informe The value of arts and culture to people and society – an evidence review que aporta datos cuantitativos sobre el impacto de la cultura en el Reino Unido y señala además las carencias detectadas que será necesario cubrir en el futuro.

El informe viene también acompañado por atractivos gráficos y didácticas visualizaciones de datos, todos descargables de la página web y de fácil difusión en redes sociales.

Otra organización destacada en la defensa, el apoyo y la promoción de la cultura es la estadounidense Americans for the Arts, que cuenta en su web con una sección -la primera de todas- enteramente dedicada al advocacy. Lo primero que se encuentra el usuario al visitarla es una referencia al Arts Advocacy Day, cuya última edición se celebró el pasado marzo y que se convoca anualmente desde hace más de una década.

Además, esta sección incluye un apartado de noticias, además de otros sobre legislación, y sobre hechos y cifras. También incluye una herramienta en la que en tan solo dos minutos cualquier persona puede hacerle llegar al Congreso su apoyo a las artes y a la educación artística y, cómo no, un completo Advocacy toolkit para individuos y otro para organizaciones.

Son muchas las organizaciones culturales de países como Estados Unidos, Reino Unido, Nueva Zelanda o Australia; que están compartiendo estos instrumentos diseñados para que terceros -la sociedad en general- pueda apoyar sus causas.

Esta es probablemente la mejor vía para estar legitimado y capacitado para transformar la realidad. Así fue posible que, por ejemplo, un grupo de artistas, residentes, empresarios y líderes comunitarios de la isla de Bainbridge en el Estado de Washington, EEUU, fueran capaces de construir un museo desde cero para mostrar el arte de su región y de su tiempo.

Para promover su visión, sensibilizar y recabar apoyos; este grupo de personas puso en marcha el proyecto The Conversation of Art en el que la comunidad de la zona reflexionaba y daba respuestas a preguntas, tan difíciles y relevantes como: Why does art matter to you? (¿Por qué te importa el arte?) El Bainbridge Island Museum of Art finalmente abrió sus puertas en 2013 y representa un magnífico ejemplo de cómo una comunidad de personas afines a las artes ha sido capaz de construir un museo involucrando a la sociedad en ello mediante el advocacy. The Conversation of Art ha recibido un premio a la excelencia en 2014, concedido por la Washington Museum Association.

Es necesario que la sociedad española participe como protagonista en la promoción de la cultura. Los hechos demuestran que, hasta la fecha, las acciones desarrolladas hasta el momento han dado pocos frutos y muy volátiles.

Por eso es necesario implicar a los ciudadanos para convertirlos en embajadores de lo cultural. Sólo de esta manera será posible disfrutar de una cultura fuerte, autónoma y sostenible en España.

Tanto las organizaciones profesionales como quienes ya están convencidos del valor de la cultura para la sociedad, han de ponerse manos a la obra en la tarea de facilitar a terceros esta labor, articulando casos de las propias causas y creando instrumentos que los apoyen con los que poder ayudar a quienes mejor pueden promover su valor: los ciudadanos.

Publicado originalmente en Compromiso y transparencia, abril 2015

Interesada en los contenidos y en las personas.

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