La conciliación cultural como incentivo y estrategia para la cultura

En la actualidad, muchas administraciones e instituciones culturales dicen estar apostando por los denominados “nuevos públicos”. Movidos por el deseo de favorecer el acceso a la cultura a una mayor diversidad de personas y por el de aumentar sus cifras de usuarios; lo cierto es que, muy frecuentemente, las instituciones están equiparando los públicos inactivos (los que no les visitan) con targets muy manidos, en los que los jóvenes suelen ser las estrellas.

Es un hecho que las actividades dirigidas a niños y jóvenes están a la orden del día en las instituciones culturales, inspiradas por el sentir generalizado de que, la cultura siempre es “buena”. No obstante, llama la atención que este interés por introducir a los jóvenes en las prácticas y experiencias culturales no muestre la misma continuidad en segmentos de adultos laboralmente activos que, como se ha visto (Vid. El ‘bono cultural’ ineludible: la conciliación cultural), son quienes menos visitan las instituciones culturales.

No abundan las instituciones españolas que, de forma manifiesta, se ocupan de facilitar el acceso a la cultura a los denominados “públicos con demanda latente”, que son aquellos que permanecen inactivos -no por falta de interés cultural- sino debido a una barrera que les impide el acceso. Así pues, las instituciones (y las iniciativas de participación ciudadana en las políticas culturales, (Vid. ¿Cómo participar en las políticas culturales) deberían esforzarse en ofrecer programas, productos y servicios que -lejos de ignorarlas- afronten y se adapten a dichas barreras.

La barrera de acceso a la cultura más frecuentemente señalada suele ser el precio. De hecho, en los últimos tiempos de crisis el debate público del acceso a la cultura se ha centrado casi en exclusiva en la cuestión económica: su gratuidad-precio-valor en relación con el mercado, los recortes, las subvenciones y ayudas públicas, la invocada ley de mecenazgo y el archicitado IVA cultural.

Sin duda, se trata de un terreno en el que las fuerzas políticas parecen haberse instalado con comodidad, pues de alguna manera son quienes aspiran a ordenar el reparto presupuestario de la cultura en España. Sin embargo, y tal como demuestran las estadísticas, el precio no es una de las razones principales para dejar de asistir a las instituciones culturales, sino el tiempo.

En busca de servicios relevantes, adaptados y simultáneos

Paradójicamente, la cultura y la conciliación no se llevan bien. Sorprende que un sector como el de la cultura –creativo, crítico y acostumbrado a la inestabilidad y, cada vez más, a la precariedad- no se haya sumado en masa a ofrecer servicios imaginativos que solventen esta situación. Porque atraer nuevos públicos ha de implicar necesariamente, nuevas actitudes e ideas.

Mientras que muchas instituciones culturales se han animado a ofrecer actividades dirigidas a niños –algunas de las cuales se organizan novedosamente en fechas y horarios pensados para que sus familias puedan “conciliar” (es decir, trabajar)- muy pocas instituciones ofrecen servicios para que los adultos puedan, -alternativamente- disfrutar una actividad cultural en esa misma institución, sin la necesaria y a veces inapropiada compañía de menores.

En España son ya célebres las “sesiones teta” que muchos cines ofrecen para madres que quieran asistir con sus bebés lactantes, que sin duda dependen de ellas las 24 horas del día. Pero más allá de las particulares condicionantes del periodo de lactancia, y de las diversas iniciativas ya existentes enfocadas al público familiar, lo cierto es que no cualquier actividad cultural es compatible con la situación, edad y necesidades de los posibles niños acompañantes.

Además, es necesario tener en cuenta que a la hora de disfrutar de la cultura, a los grupos de edades distintas les suelen gustar contenidos y formatos distintos.

Es un hecho que -fuera del ámbito de las instituciones culturales- ya existen soluciones que bien podrían ser adoptadas por éstas. Un modelo sería el que muchos centros comerciales y grandes cadenas ofrecen actualmente a los clientes que les visitan con menores a su cargo, y que consiste en la posibilidad de realizar sus compras sin la compañía de los niños mientras estos disfrutan en las instalaciones de una ludoteca ad hoc y evitan aburrirse mientras sus padres hacen la compra

Sin duda, esta es una solución que en el caso de las instituciones culturales requeriría, no solo de unas instalaciones apropiadas, sino también de personal con la capacitación adecuada para atender a los niños. Requisitos difíciles, pero que en realidad no son distintos de los necesarios para realizar las muchas actividades dirigidas a niños que ya se ofrecen en museos, teatros y auditorios.

Así pues, la notoria escasez de actividades de conciliación cultural en las instituciones españolas, no sucede tanto por un problema de falta recursos, como de falta de visión y de prioridades.

Teniendo en cuenta el exiguo contexto de la conciliación cultural en España, podría decirse que la iniciativa Pintasonic de la Orquesta y Coro Nacionales de España (OCNE), no sólo es pionera y visionaria, sino que constituye un raro y maravilloso modelo a imitar por el resto de instituciones culturales.

Los talleres creativos Pintasonic de la OCNE son gratuitos y se organizan desde el año 2014 con el objetivo de acercar a los niños de entre tres a ocho años a la música clásica para que -mientras- sus padres asistan a los conciertos Descubre…

El contenido de cada taller se diseña en relación directa con el programa musical al que asistirán sus padres, y mantiene siempre un enfoque creativo en el que los educadores, músicos y artistas visuales que los conducen combinan diversas disciplinas artísticas.

La actividad está estructurada en tres fases. La primera consiste en una breve charla informativa de quince minutos sobre la obra musical a cuyo concierto, acto seguido, asisten los adultos. Entretanto, los niños participan en el taller de aproximadamente una hora. Finalmente, adultos y niños se reencuentran para compartir un tiempo de charla e intercambio de experiencias, con la posibilidad de disfrutar simultáneamente una bebida y unos aperitivos.

El diseño de esta actividad permite el disfrute de adultos y niños de forma relevante, adaptada y simultánea; por lo que constituye una buena solución para esos públicos con demanda latente que tanto necesitan de actividades acondicionadas a sus barreras.

Por si fuera poco, la duración y el horario de la actividad están igualmente adaptados a las necesidades, tanto de niños como de adultos, sin que el disfrute de la misma conlleve pérdida de calidad ni relevancia en los formatos y contenidos para ambos.

Pero no es necesario ser una institución de gran tamaño para poder ofrecer este tipo de servicios. Con este preciado enfoque de “conciliación cultural”, el Museo de Almería organizaba este verano el taller infantil ¿Dónde están las llaves…?, una actividad gratuita para la conciliación familiar, que se planteó con el objetivo de que, al mismo tiempo que los niños asistían al taller, sus padres pudieran asistir a la inauguración de la exposición Un puente de mar azul. Arqueología subacuática en Almería.

De manera similar, durante las noches del Festival de Almagro y desde hace ya dos veranos, los niños de dos años en adelante han podido participar en la actividad Noches de julio. Ofrecida por la iniciativa privada del Espacio Lúdico-Educativo La Comedia y con el solventable fallo de organizarse al margen de la colaboración directa con el festival, esta actividad se planteó para que los adultos pudieran asistir a las representaciones teatrales mientras que sus hijos disfrutaban de actividades diversas, como cine infantil y juegos, entre las 22:00 a las 1:00 horas que duraban las representaciones.

Siguiendo este modelo y como novedad para la edición de este año, la organización de la Bienal de Flamenco 2016 ha presentado unos talleres-ludoteca para su programación de fin de semana tanto del Teatro de la Maestranza, como del Teatro Lope de Vega.

Estos talleres son gratuitos y están dirigidos a niños para que, de manera similar a la OCNE, sus padres puedan acudir a los espectáculos de la Bienal mientras sus hijos participan en una actividad diseñada específicamente para ellos y sobre la temática de los espectáculos. La diferencia es que los talleres comienzan a las 20:00 horas, mientras que los Pintasonic y el programa Descubre de la OCNE se celebran los domingos a las 12 del mediodía.

Parece claro que la verdadera conciliación no debería implicar para los niños tener que adaptarse al los horarios de los adultos, ni para los adultos, limitarse a los contenidos y formatos de los niños. Por eso sería deseable que –teniendo en cuenta las necesidades y características de ambos grupos de interés- las instituciones se implicaran más profundamente en el diseño actividades que permitan experiencias simultáneas y por separado, lo más adaptadas posibles a cada grupo de edad.

La escasa iniciativa en materia de conciliación cultural que revelan los actuales programas de las instituciones culturales españolas, podría revertirse si existieran políticas culturales ad hoc que incentivaran este tipo de enfoque. Y por si alguien ya estuviera pensando en la conveniencia de reivindicar una posible “Ley de conciliación cultural” o similar, en realidad debería ser consciente de que la solución es mucho más sencilla: habría que crear políticas de incentivo incorporando cláusulas de conciliación cultural a las ayudas públicas al sector de la cultura.

Con esta medida tan simple, se conseguiría que los beneficios fueran múltiples, pues no sólo se crearían políticas de apoyo a sectores sociales con especiales dificultades para conciliar, sino que además, se promovería de manera muy efectiva el disfrute y el consumo cultural, así como el sentimiento de afiliación y apoyo a la cultura entre las futuras generaciones.

Estos beneficios tendrían un particular impacto si estas políticas se diseñaran además con especial foco en los sectores y disciplinas que, como muestran las estadísticas, se hallan particularmente castigados por la indiferencia de la ciudadanía. Así pues, la ópera, la danza, el ballet, la zarzuela, el circo o la música clásica tienen la oportunidad estratégica de promover servicios de conciliación cultural para iniciar el proceso de su propia supervivencia.

Publicado originalmente en Compromiso Empresarial, octubre 2016.

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