El oportunismo 2.0 y la masa filantrópica

Son tiempos de recortes en los presupuestos públicos. El que más y el que menos, todos los departamentos han pasado por el filo de la tijera.

En medio de esta vorágine no faltan voces que presentan la cultura como una actividad prescindible en tiempo de crisis. Lo paradójico es que lo hagan, precisamente, en un momento en el que la avaricia de demasiados gobiernos y empresas ya ha puesto de manifiesto que los desequilibrios sociales estructurales terminan, irremediablemente, por reventar el propio sistema.

Hubiera sido necesario poner en su justo valor el papel de la cultura en la sociedad en vez de buscar modelos sociales basados únicamente en la rentabilidad a corto plazo y en la promoción de capacidades meramente utilitarias y exclusivamente dirigidas a proporcionar beneficios económicos directos.

No es sitio este artículo para defender la importancia sistémica de la cultura para la sociedad; ya lo argumenta en profundidad el libro de Martha C. Nussbaum, Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades (traducción de M. V. Rodil. Katz, 2010), en el que explica los beneficios de las humanidades para las sociedades democráticas contemporáneas. La cultura es, simplemente, consustancial a la sociedad.

La financiación de la cultura es una cuestión cardinal no exenta de riesgos. Dicen que quien paga, manda; por lo que un potencial intervencionismo por parte de quienes sustentan económicamente la cultura podría entrar en conflicto con la libertad inherente al acto creador, así como con la preservación de la diversidad de las distintas expresiones culturales. Este es el principal escollo que un potencial sistema cultural basado exclusivamente en la iniciativa privada encuentra entre quienes se dedican a la cultura en España.

Por otra parte, el sector cultural ha tomado conciencia –traumática y repentinamente– de que la administración pública no puede pagarlo todo. Así que se podría decir que la cultura en España está en un “ni contigo, ni sin ti” en relación al modelo de financiación que quiere para sí. Entretanto, el Gobierno parece dispuesto a pasar la patata caliente a la ciudadanía –especialmente a las empresas– mientras estas se parapetan en el argumento de su bajada de beneficios para justificar la congelación de sus programas de mecenazgo. ¿Dónde queda pues la filantropía inherente al mecenazgo empresarial, especialmente necesaria en tiempo de crisis?

Mecenazgo ¿en masa?

En los últimos tiempos abundan las propuestas que plantean soluciones a casi cualquier problema, añadiendo simplemente el adjetivo “2.0″ a su raíz; como si por el hecho de trasladar un problema a los demás este se fuera a solucionar.

Esta tergiversada y oportunista interpretación del fundamento colaborativo de Internet y del concepto de sabiduría colectiva propugnado por James Surowiecki en The Wisdom of Crowds: Why the Many Are Smarter Than the Few and How Collective Wisdom Shapes Business, Economies, Societies and Nations (2004), choca frontalmente con la saturación de iniciativas on-line a que los usuarios son llamados y con su subsiguiente incapacidad para gestionarlas todas. Y es que las oportunidades que ofrecen los entornos 2.0 no han de ser entendidas como un modelo único de financiación, ni de gobernanza asamblearia basada en el voluntariado.

Todo apunta a que la nueva Ley de Mecenazgo se limitará a establecer algunas modificaciones fiscales mientras que apela a la responsabilidad de los ciudadanos hacia la cultura y les llama a participar, aunque solo pagando.

Pero con una administración pública incapaz de asumir integralmente la financiación del país y una sociedad civil que no puede digerir en tiempo y forma la cascada de cargas que le son trasladadas cada semana, es difícil creer que los problemas de financiación de la cultura se vayan a arreglar “entre todos” con tan solo poner la etiqueta “2.0″ al problema. Desde esta perspectiva, resultan ciertamente perversas algunas propuestas que surgen de lo público echando mano de moda “colaborativa”, con la que pasan su incapacidad al ciudadano y a las empresas.

Un ejemplo de ello ha sido promovido recientemente por el Gobierno de la Región de Murcia.

Socializando los errores, privatizando los privilegios

Tras una gestión económica no exenta de polémica y derroches, el Departamento de Cultura y Turismo de esta región ha visto reducido su presupuesto un 4,16% con respecto a 2011.

Como solución a este recorte, se ha propuesto pedirle a unos mil empresarios de la región un total de 500 euros a cada uno a través de la iniciativa: Yo soy mecenas de la cultura, descrita así en su página web: “Micromecenas es un proyecto novedoso de la Región de Murcia que, surgiendo como respuesta a la conyuntura económica actual en el ámbito de la cultura, busca la sostenibilidad del patrimonio cultural de la Región mediante la participación del sector privado, desmitificando el concepto de “mecenazgo” para hacer ver que ser mecenas de la cultura puede estar al alcance de cualquiera. Las empresas podrán portar el sello oficial “Yo soy mecenas de la cultura. Región de Murcia” y ser reconocidas por la consejería de Cultura y Turismo mediante una aportación económica a los principales centros dependientes de ella y a una bolsa de emprendeurismo que fortalezca el tejido cultural base de la Región”.

Un rápido examen de esta plataforma de micromecenazgo pone de relieve la extremada pobreza de sus intenciones, sus informaciones, así como de los presuntos servicios que ofrece a la ciudadanía. Es más, esta web está muy lejos de ser un verdadero entorno 2.0 para los usuarios, como de entrada cabría esperar dada la abundancia de términos como “micromecenazgo” o “participación” con los que ilustra su argumentario. De hecho, cualquier posible comparación con otras iniciativas de micromecenazgo on-line –algunas tan antiguas como Kiva y sin embargo mucho más sólidas (Vid. Microcréditos on-line para una macroeconomía corresponsable)– dejan a “Yo soy mecenas de la cultura” en una paupérrima posición.

Los mecenas de esta iniciativa son tratados como meros patrocinadores, ya que no se espera más de ellos que una aportación de 500 euros por cabeza. Así, se ha creado una sección denominada “Salón de mecenas” en la que se reúnen los logotipos de un total de 16 empresas sobre las que no se proporciona ningún tipo de información ni valor añadido adicional, aparte de un exiguo enlace a sus respectivas páginas webs. Cuesta creer que, en el actual contexto de decrecimiento de la actividad filantrópica empresarial, esta plataforma vaya a incentivar el mecenazgo.

Más aún, su escasa calidad podría incluso resultar contraproducente para sus pretendidas intenciones, pues el retorno para los mecenas se limita a aparecer de esa guisa en el “Salón de mecenas” además de, en palabras del consejero de cultura de la Región de Murcia, Pedro Alberto Cruz, “presumir durante un año de ser mecenas de la cultura y usar el logo como quieran”.

Otra cuestión sorprendente es que no se facilite información sobre cómo se articula el proyecto (estrategia, objetivos económicos, fórmulas de participación de las partes, requisitos de las iniciativas a financiar, impacto, indicadores, gestión de la participación, retornos o evaluación) cuando la transparencia debería ser clave en un proyecto que lleva aparejado el pago por parte de donantes privados para un gobierno regional.

Solo leyendo los artículos recogidos en la sección de la plataforma “Noticias” salen a la luz detalles sobre la iniciativa. Así, se puede saber que lejos de promover un verdadero mecenazgo, el objetivo de esta plataforma es meramente recaudatorio: medio millón de euros en un año. Se trata de una cantidad que el consejero ha calificado como “suficiente” y que según sus declaraciones será empleada en un 70% para “el sostenimiento de museos, bibliotecas y centros culturales”. Ni rastro de detalles sobre cuáles serán los criterios de adjudicación y gestión de dicha recaudación.

Mucho más sugerente resulta la idea de invertir el 30% de lo recaudado en un “capital semilla” que, en palabras del consejero, será “diseminado entre proyectos de emprendeurismo cultural”. Pero, como en el caso anterior, sigue faltando información básica.

Es más, un análisis de los argumentos expuestos durante estas apariciones en prensa pone de manifiesto una peligrosa mezcla de conceptos y una flagrante falta de claridad en el valor estructural de esta propuesta.

Ojalá esta iniciativa de captación de fondos (que no de mecenazgo) se aproximara a la calidad de las plataformas de crowdfunding que funcionan en España (Vid. Dinero sin ánimo de lucro. Crowdfunding para monetizar el poder social). Resulta sorprendente que en lugar de crear un entorno on-line con visión contemporánea, en el que se integre la participación directa de los ciudadanos además de todo el abanico de servicios que proporcionan los entornos 2.0, la Consejería de Cultura y Turismo de la Región de Murcia se limite a esperar a que mil empresas de la región acudan a la web y cumplimenten el formulario de donación.

Dado que ya existen plataformas mucho mejores funcionando en España que se podrían haber utilizado, no se entiende por qué el gobierno murciano ha decidido gastarse el dinero en construir esta plataforma on-line que ni proporciona información, ni posibilidades de debate, ni intercambio, ni servicios.

Habrá que confiar en que la nueva Ley de Mecenazgo no venga acompañada de proyectos de mecenazgo tan poco fundamentados como este, que para colmo, encima ha de pagarse con el dinero de los contribuyentes.

Publicado originalmente en: Compromiso Empresarial, mayo-junio, 2012


Dadme calderilla y moveré el mundo. Microcréditos online para una macroeconomía corresponsable

La vertiginosa progresión mundial de la última crisis financiera ha puesto de relieve la urgente necesidad de encontrar soluciones sostenibles planteadas con una perspectiva también global. Tal como las organizaciones del tercer sector han venido denunciando durante años, las relaciones de explotación y desigualdad son insostenibles a medio y largo plazo. Una vez llegados a ese término, ya no se puede seguir mirando hacia otro lado ante los problemas de los demás.

Resulta paradójico que en la actualidad -cuando más posible está siendo el diálogo y la colaboración gracias a las herramientas online- sea la época en la que los gobiernos estén mostrándose más dependientes de las circunstancias de un mercado financiero controlado por unos pocos. Visto lo sucedido en países como Grecia o Italia, donde sus gobiernos democráticos han sido fulminantemente sustituidos por la maquinaria del sistema financiero; en los tiempos que corren resulta difícil creer que el dinero esté al servicio de las personas y no viceversa. Sin embargo, comienzan a consolidarse modelos alternativos de financiación, más solidarios, globales y enfocados a las personas, que aprovechan las oportunidades de Internet para sortear las parciales imposiciones de los intermediarios políticos y económicos. Tal es el caso del llamado Peer to Peer Lending (Préstamo entre pares) o Social Lending (Préstamo social)

El Préstamo social es un tipo de crédito que permite a donantes individuales realizar préstamos reducidos a emprendedores de países en vías de desarrollo y pequeñas empresas. A diferencia del crowdfunding, sí es una actividad susceptible de tener ánimo de lucro por lo que conviene conocer algunos pormenores de en qué términos se gestiona este dinero.

Kiva, la pionera de los microcréditos online

Kiva (www.kiva.org), que en Suahili significa “acuerdo” y “unidad”, es la plataforma de microcréditos en Internet más conocida y completa. Surgió en 2005 en Estados Unidos después de que sus fundadores Matthew Flannery y Jessica Jackley tomaran conciencia del crucial impacto que los microcréditos estaban teniendo entre las pequeñas comunidades de emprendedores de Uganda y Tanzania (Ver. Compromiso Empresarial, septiembre-octubre, 2010)

Esta organización sin ánimo de lucro cuenta con una trayectoria profundamente inspiradora. Desde los 3.500$ de financiación total conseguidos hace siete años para el primer grupo de emprendedores, Kiva ha progresado hasta alcanzar más de 291 millones de dólares en préstamos concedidos a más de 740 mil diferentes emprendedores y proporcionados por unos 700 mil usuarios.

Kiva destaca por su fluida usabilidad que se ve apoyada por un lenguaje enormemente didáctico y altas dosis de transparencia, imprescindibles en una iniciativa como ésta basada en la buena fe y la confianza entre pares. Resulta lógico pues que Kiva comparta sus estados financieros (http://www.kiva.org/about/finances) además de información sobre sus políticas de gestión, criterios y sistemas de gobierno.

Este sistema de microcréditos se basa en aportaciones mínimas de 25$ por parte de los prestamistas, quienes podrán encontrar en Kiva información detallada sobre los proyectos, tanto los que necesitan fondos como de los que ya los han obtenido. Los prestamistas, una vez hayan seleccionado el proyecto a financiar, pueden ponerse en contacto con los Field Partners (Socios en el terreno) (http://www.kiva.org/partners) vinculados al área, que son una serie de organizaciones financieras de microcréditos distribuidas por diferentes lugares del planeta y quienes se encargarán de gestionar los préstamos a los emprendedores.

Los Socios en el terreno son agentes clave para el éxito de Kiva porque son quienes finalmente asumen la responsabilidad de: seleccionar a los prestatarios, reunir sus fondos, publicar sus peticiones de préstamo en Kiva, realizar los desembolsos a los prestamistas, así como la recaudación de los pagos. Por su parte, Kiva no establece ninguna relación contractual entre los prestatarios y los prestamistas, sino que deja a los Socios en el terreno este papel para que además desempeñen una cardinal labor de administración y supervisión in situ, atendiendo desde la proximidad a proyectos y emprendedores. Su papel decisivo en el buen desarrollo de los fines de Kiva hace que su elección sea un pilar estratégico que ha de llevarse a cabo con las máximas garantías.

Los criterios para seleccionar a los Socios en el terreno son según Kiva, la calidad y la excelencia en una misión profundamente ligada a lo social. Así, se escoge a organizaciones que destacan en: protección de los clientes; garantías en la orientación y alcance de los servicios a los más desfavorecidos; productos específicamente diseñados para las necesidades de los destinatarios; medición de resultados en la vida de los clientes prestatarios y ahorradores; y oferta por añadidura a los servicios de préstamo de servicios de ahorro, formación en educación financiera y programas de empoderamiento.

En la actualidad Kiva cuenta con 147 Socios en el terreno distribuidos entre 61 países distintos, los cuales se presentan clasificados en función de su “social performance” (desempeño social) que mide los beneficios generados para las comunidades a las que sirven. Los Socios cobran intereses por sus préstamos a los promotores de los proyectos en un porcentaje a criterio de cada entidad de microcrédito. Compartir este dato es requisito imprescindible para obtener la condición de Socios en el terreno y se puede consultar en las fichas informativas disponibles en la plataforma. Por otra parte, Kiva asegura que no cobra intereses a los prestamistas y que nunca se asociará con entidades que cobren intereses desorbitados.

El paisaje de la calderilla

Piggy BankPese a que Kiva sea la organización de microcréditos online más destacable, son varias las que actualmente ofrecen sus servicios en Internet. Tal es el caso de Microplace (www.microplace.com), filial de eBay lamentablemente limitada a inversores de Estados Unidos, que a diferencia de Kiva cobra una tarifa de un 1% del total recaudado a los prestamistas. Por la parte europea, la francesa Veecus (www.veecus.com) ofrece microfinanciación no sólo a “países del sur”, sino que amplía sus servicios a proyectos también radicados en Francia. Sin embargo, la información sobre su actividad resulta insuficiente, así como algunos de los argumentos empleados sobre sus supuestas bondades. Que el beneficio dado a los prestamistas se limite a proveer de organizaciones de microcrédito con un interés menor que el habitual en los bancos, es un argumento tremendamente pobre frente a los beneficios en lo referente a proximidad, formación, supervisión y fortalecimiento del tejido social proporcionados por los Socios en el terreno de Kiva.

Pero al margen de las características particulares de cada plataforma, cabe preguntarse por el impacto de estas iniciativas en la captación de fondos realizada por las organizaciones sociales. Parece lógico que iniciativas como Kiva le estén restando a las organizaciones cierta capacidad de captación fondos. Los donantes, en lugar de dar a las organizaciones para que estas implementen sus programas, perciben un impacto más eficiente de su dinero si, una vez recuperado, además pueden seguir reinvirtiéndolo en nuevos proyectos. Con ello no sólo ayudan a más personas sino que además lo hacen sin tener que minar su bolsillo de manera indefinida. Desde este punto de vista las plataformas de microcréditos online se presentan como una fórmula ideal para superar la ya tipificada como donor fatigue (fatiga del donante).

Ahora más que nunca, la transparencia y la calidad de la comunicación en la rendición de cuentas juegan un papel determinante a la hora de que los usuarios tomen la decisión de cómo realizar su inversión social. Es un momento crucial para que las organizaciones del tercer sector se planteen una revisión integral de su comunicación para ligarla a tiempo real a los más altos estándares de rendición de cuentas. Además, cuentan con una magnífica oportunidad para también revisar su función social e ir más allá de la de meros canalizadores de donaciones. Es tiempo de que las organizaciones sociales se concentren en su contribución estratégica a escala glocal, puesto que pese a la bondad de las acciones individuales de los donantes, estas nunca podrán sustituir la visión estratégica y analítica que aportan las organizaciones.

Originalmente publicado en: Compromiso Empresarial. Marzo-abril, 2012


Apoya la cultura y #dilesno

i-love-que-me-paguen

Distinguiendo entre el síntoma y la enfermedad

La avaricia sostenida de gobiernos y empresas está conduciendo a la fulminante destrucción del tejido cultural español. Los cierres de programas e instalaciones culturales sumados al recorte de recursos, se suceden en cadena por todo lo largo y ancho de nuestro territorio. Por si fuera poco, los responsables de la gestión pública de la cultura buscan la justificación de sus apresuradas decisiones en la crisis económica (como si la cultura no fuera una prioridad precisamente en tiempos de crisis)

Un análisis en perspectiva llevaría a la conclusión de que la actual crisis tiene su origen en la falta de impacto de la cultura en la sociedad. Sí, a menos cultura, más crisis; surgida precisamente porque los intereses de crecimiento económico se han planteado en confrontación a nuestro crecimiento como seres humanos. De esto hemos sido responsables todos, aunque cierto es que no en la misma medida.

El papel secundario de la cultura en la actual sociedad de mercado está forjando una legión de ciudadanos abonados al pensamiento único y concentrados en lo utilitario a corto plazo. Este restringido escenario está resultando extremadamente provechoso para quienes controlan el sistema en beneficio propio.

Sumándome a los argumentos de Martha Nussbaum (1), opino que la cultura atemoriza a los partidarios de la educación utilitaria para el crecimiento económico, pues promueve “…la comprensión crítica y reflexiva, que no puede pasar por alto las desigualdades y las diferencias, fenómenos que chocan frontalmente con la tendencia homogeneizadora del mercado”

Parece indudable que los ciudadanos con cultura –es decir, con pensamiento crítico, fundamentado e independiente– podrían cuestionar los sistemas establecidos y ocasionar la subsiguiente pérdida de control de quienes los gestionan. Es lógico pues que el mercado –ese gran protagonista de la gestión política de los últimos tiempos– sea parte muy interesada en minimizar el impacto de la cultura.

El mercado ha diseñado sofisticados sistemas que restan a la cultura una adecuada valoración social y fuerza ejecutiva, a la vez que le hacen dependiente de un sistema económico de supervivencia controlado por el mercado mismo. Desde este punto de vista resulta preocupante la posible desaparición de las políticas culturales públicas en favor de un sistema único de mecenazgo cultural privado. Apoyando esta idea, Donald Sassoon –profesor de Historia europea comparada de la Universidad de Londres– insistía no hace mucho en que a la cultura que no sea popular “le va a costar mucho encontrar patrocinios” con un mecenazgo privado exclusivamente.

La situación actual es que la producción cultural independiente de los intereses económicos empresariales está seriamente amenazada. Pero ante estas circunstancias, ¿qué está haciendo el sector cultural?, ¿cómo están reaccionando sus profesionales? El sector de la cultura en España, fiel a su tradicional ensimismamiento, parece ocupado en verter lágrimas por el mendrugo de pan perdido mientras cae en profundas y lamentables contradicciones.

La tira de Joaquín Secall. ¿A ti te han pagao? ¿A mí tampoco?, 2012

Entre todos la mataron y ella sola se murió

“Medio pan y un libro”, son las famosas palabras que Federico García Lorca pronunció en septiembre de 1931 en el discurso de inauguración de la biblioteca de Fuentevaqueros, Granada:

(…) No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social. (…)

Pese a la grandeza argumental de las palabras de Lorca y su rabiosa vigencia, reivindicar “medio pan y un libro” ha llevado al sector de la Cultura a una miseria estructural consentida, pues mientras ha renunciado a “medio pan”, es finalmente la cultura quien ha de trabajar en escribir el libro.

En algún momento de la historia el sector de la cultura ha aceptado la idea de que su actividad profesional ha de estar indisociablemente unida al de la subvención y la precariedad laboral. Un ejemplo de ello es que la frase “por amor al arte” se ha convertido en el lamentable sinónimo de “gratuidad vocacional consentida”. Sin embargo, “el amor al arte” no debería implicar la precariedad laboral de todo un sector.

La cultura no debe ser entendida como un adorno, sino como una actividad necesaria para la sociedad que implica necesariamente el trabajo de profesionales y que como tales han de ser remunerados. Quienes solicitan trabajos culturales gratis fomentan la precariedad del sector, pero también lo hacen quienes los aceptan. ¿Cuántos concursos sin premio, artículos sin pagar y jornadas hechas a base de “conocidos” que no cobran se promocionan hoy en día? La solución a esta precariedad depende de un sistema que es responsabilidad de todos. Por eso, desde aquí, apelo a los profesionales de la cultura a que realicemos una reflexión colectiva, con perspectiva, sobre cómo estamos “funcionando”.

#dilesno

Las consecuencias de trabajar gratis para “tener visibilidad” y/o “hacer currículo” ya comienzan a ser parte estructural del sector de la cultura. Mientras, son pocos los que en el colectivo de profesionales prefieren restarse oportunidades de proyección antes que alimentar a un sistema que perjudica a todos de forma colectiva.

James Victore. Just say no

James Victore. Just say no, 1999

Trabajar gratis es una forma de especulación individual, pues en su objetivo final reside la intención de conseguir ventaja competitiva en un entorno profesional que por ser tal, debería ser remunerado. Significa, en resumen, romper la baraja. Sin embargo, muchos continúan con esta práctica mientras miran para otro lado justificándose en “sus” necesidades individuales que por cierto, nunca se cubrirán con un sistema precario como el que fomentan.

El mayor perjuicio que ocasiona este tipo de prácticas es, sin duda, para los más jóvenes. Trabajar gratis perjudica gravemente las oportunidades futuras de muchos profesionales jóvenes que quieren progresar y legítimamente llegar a vivir de la cultura. Sin embargo, resulta paradójico y triste ver cómo muchos de ellos se entregan a esta precariedad como fórmula para competir, mientras que por otra parte se lamentan de su actual falta de oportunidades profesionales. Esto es lo que generaciones anteriores les hemos dejado como modelo de gestión cultural: los trabajadores gratuitos que desde hace demasiados años han venido adoptando la forma de “en prácticas” y/o “becarios”.

Mi opinión no pretende juzgar a nadie y se expresa desde el respeto a las elecciones individuales de cada persona, pero intenta poner de relieve el impacto social y profesional de las decisiones que cada uno libremente tomamos. Trabajar gratis es una práctica tóxica para el sector y por eso quiero evitar que se difunda. Sin la retribución a los profesionales, el sistema no funcionará nunca.

Desde aquí apelo a la solidaridad entre profesionales y te animo a que digas no a la gratuidad o a los honorarios ridículos por tu trabajo. Confío en que aprecies el valor de esta postura para que generaciones presentes y futuras de profesionales puedan tener su propio espacio de desarrollo. Por eso, prueba una experiencia revitalizadora y ¡#dilesno!, porque el verdadero amor al arte es la práctica de estrategias y acciones que lo hagan sostenible. No te olvides: la próxima vez que te lo ofrezcan, #dilesno.

Si quieres más información sobre esta iniciativa, puedes escuchar el debate generado por #dilesno en el que participé en el programa de Radio Círculo Miradas Invisibles, celebrado el 5 de marzo de 2012 y disponible en este reproductor:


Ir a descargar

(1) Martha Nussbaum es una de las pensadoras más destacadas en el ámbito de la filosofía y las ciencias sociales. Sus trabajos se han centrado especialmente en la filosofía antigua, la filosofía política, y la ética y el derecho, sin olvidar el estudio de las emociones. Actualmente, es profesora en la Facultad de Derecho y Teología de la Universidad de Chicago. Entre sus obras más recientes traducidas al castellano figuran Paisajes del pensamiento: la inteligencia de las emociones (Paidós, 2008), India. Democracia y violencia religiosa (Paidós, 2009) y Libertad de conciencia. Contra los fanatismos (Tusquets, 2009). Fuente: CCCB.


Solidaridad: mejor si nos hace sentir bien

El final del año es una época en la que los medios de comunicación se esmeran por difundir un perverso mensaje de consumismo desaforado exculpado con unas gotas de solidaridad (el perfume de la navidad) Mientras los programas “solidarios” se acumulan en las parrillas de televisión, las ONGs hacen su agosto desplegando sus campañas de navidad en forma de pastillas, juguetes e ilusiones. He de decir que mi profunda vocación social se siente a veces abrumada ante tan ostentoso despliegue de penas y excesos de marketing que en muchas ocasiones ni siquiera han evolucionado más allá de hacernos sentir tristes y/o culpables.

Hoy quiero recordar una iniciativa -revolucionaria en su momento- que pasados más de 15 años todavía resulta más fresca y positiva que muchas de las ñoñeces impostadas que nos asaltan en la actualidad. Band Aid fue un grupo británico-irlandés fundado en 1984 por los cantantes Bob Geldof y Midge Ure para recaudar fondos contra el hambre de Etiopía. Grabaron el tema “Do They Know It’s Christmas?” en noviembre de 1984 que sobrepasó todas las expectativas, vendiendo más de un millón de ejemplares en una semana y convirtiéndose en número uno en ventas durante las navidades de ese año.

Los integrantes originales de la banda fueron: Linda Ronstadt, Adam Clayton (U2), Phil Collins (Genesis), Bob Geldof (The Boomtown Rats), Steve Norman (Spandau Ballet), Chris Cross (Ultravox), John Taylor (Duran Duran), Paul Young, Tony Hadley, Glenn Gregory (Heaven 17), Simon Le Bon (Duran Duran), Simon Crowe, Marilyn, Keren Woodward (Bananarama), Martin Kemp (Spandau Ballet), Jody Watley (Shalamar), Bono (U2), Paul Weller (The Style Council y previamente The Jam), James “J.T.” Taylor (Kool & The Gang), George Michael (Wham!), Midge Ure (Ultravox), Martyn Ware (Heaven 17), John Keeble (Spandau Ballet), Gary Kemp (Spandau Ballet), Roger Taylor (Duran Duran), Sara Dallin (Bananarama), Siobhan Fahey (Bananarama), Sting (The Police), Pete Briquette (The Boomtown Rats), Francis Rossi (Status Quo), Robert ‘Kool’ Bell (Kool & the Gang), Dennis Thomas (Kool & the Gang), Andy Taylor (Duran Duran), Jon Moss (Culture Club, antiguo integrante de Adam and the Ants), Rick Parfitt (Status Quo), Nick Rhodes (Duran Duran), Johnny Fingers (The Boomtown Rats), David Bowie (que contribuyó con una grabación que fue enviada a Geldof e integrada en el single), Boy George (Culture Club), Holly Johnson (Frankie Goes to Hollywood), Paul McCartney (Wings and The Beatles, que contribuyó con una grabación que fue enviada a Geldof e integrada en el single), Stuart Adamson (Big Country), Bruce Watson (Big Country), Tony Butler (Big Country), Mark Brzezicki (Big Country)

Posteriormente, se promovió el concierto internacional Live Aid.

Si te animas a acabar el año cantando, aquí tienes la letra de la canción:

It’s Christmas time
There’s no need to be afraid
At Christmas time
We let in light and we banish shade
And in our world of plenty
We can spread a smile of joy
Throw your arms around the world
At Christmas time

But say a prayer
Pray for the other ones
At Christmas time it’s hard
But when you’re having fun
There’s a world outside your window
And it’s a world of dread and fear
Where the only water flowing
Is the bitter sting of tears
And the Christmas bells that ring there
Are the clanging chimes of doom
Well tonight thank God it’s them instead of you

And there won’t be snow in Africa
This Christmas time
The greatest gift they’ll get this year is life
Where nothing ever grows
No rain nor rivers flow
Do they know it’s Christmas time at all?

BRIDGE:
(Here’s to you) raise a glass for everyone
(Here’s to them) underneath that burning sun
Do they know it’s Christmas time at all?

END:
Feed the world
Feed the world
Feed the world
Let them know it’s Christmas time again
Feed the world
Let them know it’s Christmas time again


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